Siempre recordar
En diferentes oportunidades hago mención a la necesidad de regresar al ayer, poner los ojos, capaz ya cansados, en los tiempos idos.
Alguien dirá que no vale la pena recordar, que hay que vivir el presente, que lo pasado “ya fue”, como repiten los muchachos de hoy.
Sin embargo, al regresar al ayer, salta a la vista que la existencia transcurría de otra manera.
Mejor, volver al Puerto, humano y recordado.
La vida se desplazaba más tranquila, se podía caminar sin preocupaciones, sin miedos, temores.
No existían los vehículos que hay ahora, en cantidad, y con conductores irresponsables, que no piensan en el semejante; los hoy denominados ‘motocar’ no se habían creado, las motos lineales, tampoco estaban en movimiento, igual , patines y otros aparatos que lo único que hacen es traer problemas de inseguridad y lo más grave, de muerte.
La delincuencia no había en el grado de ahora.
Por este su diario de la mañana me entero de la muerte y asaltos que se realizan casi a diario. Y todo queda en silencio, la justicia no llega. O llega tarde. Ya no es justicia.
Observo la cantidad de motos lineales, la mayoría conducidas por damas y no comprendo, muchas sí, muchas, se movilizan sin placas; las conductoras, sin casco, sin protección para ellas mismas.
La autoridad responsable no aparece.
No menciono a la policía.
El puerto, la ciudadanía, se encuentra abandonada.
Si se habla de servicios básicos, mejor es callar.
A veces pienso, capaz equivocado, que cuando las autoridades locales eran nombradas desde la capital de la República no había tanto daño a la colectividad.
Se mencionaba a la “persona notable”.
No se conocían los desfalcos, la rapiña; las obras, pocas o muchas, se realizaban dentro de lo que fija la norma.
Cuando uno vuelve a revisar el libro “Memorias de Pacasmayo” del investigador Christian Arbaiza, que descansa en diferentes artículos publicados especialmente en el diario “La Unión”, está presente el Pacasmayo, las autoridades, los sucesos, desde los más complejos, para la época, hasta los más sencillos.
Cómo se realizaban las obras, con el apoyo ciudadano, las personas contribuían para arreglar el Parque Infantil, la lista de quienes daban su colaboración económica.
Se dirá que no se puede vivir del pasado.
Las obras sencillas y para bien de los alumnos, que se ejecutaban en la Escuela Fiscal 237
El incendio que dejó más que maltrecho al Malecón Grau y cuando se puso cemento, se ordenó.
Es decir, es necesario volver los ojos al ayer. Guste o no.
Varias veces vengo repitiendo, el Jirón Junín debe ser peatonal, las motos y los carros se desplazan a gran velocidad; la vereda es tan angosta, que no se puede caminar.
Hay que recordar, Junín fue construído cuando no había tal cantidad de población, menos los vehículos que hay ahora.
Y para desgracia del transeúnte, una persona tras un timón, se desconoce; nada le importa, solo ella. El egoísmo a flor de piel.
Por acá , los extranjeros dicen “yo no manejo en Lima”, igual se puede decir del puerto, pero cambiando, yo no camino por las calles de Pacasmayo. No hay seguridad.
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