De la ciudad y los ciudadanos

Hay que recordar que las ciudades son lo que quieren sus autoridades y la contribución o comportamiento de los ciudadanos, de los habitantes.

No hay otra manera para que la ciudad merezca el nombre de tal.

Dice este su diario de la mañana, “Municipalidad de Pacasmayo prohíbe reparación y lavado de vehículos en vía pública”.

Hay que hacer algunas anotaciones sobre el particular. Los ciudadanos saben, y lo saben bien, que hay lugares especiales para que se cumplan determinadas actividades relacionadas con los vehículos. Ahora, que no les interesa ni les importa y hacen lo que quieran, lo que está tremendamente mal, es otra cosa.

Estuve por el puerto y recordaba el de mis años aurorales. Naturalmente, han transcurrido más que varias décadas.

Pero, repito, bueno es recordar para que las personas de ahora, tengan por lo menos o sepan, cómo fue el puerto.

Decía el inmortal Sebastián Salazar Bondy, “Pacasmayo me pertenece”.

Y Martín Adán llegaba, se acercaba a “La Unión”, donde lo conocí y conversamos de algunas cosas.

También estaba presente Mario Florián, mi entrañable amigo.

Qué decir del poeta Carlos Alfonso Ríos.

Así, intelectuales, políticos, estudiosos, llegaban a pasar unos días,  como decían.

Lugares de paseo públicos, el principal, el Gran Malecón Grau, la Plaza de Armas.

El Paseo de la Acequia, todavía no se había canalizado, no existía el Parque de la Amistad.

Sencillos lugares de recreación.

Ahora solo queda el Paseo de la Acequia y el Parque de la Amistad. 

El Malecón Grau, mejor no hay que hablar ¿para qué?

No sé qué pasa, las calles se han tornado en garajes públicos, especialmente para las motocicletas. 

Como las calles son angostas, los vehículos se estacionan y cojen las veredas, el respetable no puede pasar, tiene que bajar y estar expuesto a lo que suceda, ya que los motocar son más que el respetable. 

Si los ciudadanos, repito, cumplieran con las normas, la ciudad sería  otra.

Pero, vaya a decir algo, viene el maltrato, viejo de…; mejor observar y lamentar cómo ha cambiado el puerto y seguirá cambiando, lamentablemente, para mal.

Que hay personas que saludan, que sonríen, es verdad. No todos están amargados y descontentos.

Comprendo, la realidad es aplastante, destructiva.

Pero hay que respetar normas y valores, especialmente al semejante, al cercano.

Tratar que la ciudad sea un lugar donde se pueda vivir y respirar tranquilamente, contemplar el ir y venir de las olas, como se podía hacer años anteriores.

Si la autoridad y los ciudadanos cumplieran con lo que les toca, otra sería la existencia.

Felizmente, en mi pueblo, San Pedro de Lloc, la calma está presente, no hay motocar, menos violencia. No encontré ambulantes, cada comercio en su sitio, un lugar especial para tomar café y saborear tamales.

Ojalá sea así siempre.

Por algo, hace mucho y muchos años, el Gran Antonio Raimondi partió a lel lugar a la otra  orilla del  lugar calmo.

Su casa espera más y más cuidado. Seguro que se hará.

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