De las promesas y el país

El país, los ciudadanos, a través de la historia, de los últimos tiempos, ha escuchado muchas promesas, muchos ofrecimientos, para bien de la ciudad y para el país, en general.

Naturalmente, para los ciudadanos, para los habitantes.

Hay que recordar, el Perú no es sólo Lima.

Lo integran los pueblos y habitantes de los lugares más lejanos y olvidados.

Sea de la profundidad andina o de la tropical selva u oriente.

Ahora, las promesas, los ofrecimientos, se relacionan con la realidad, con la mejoría, y superación.

Se ha repetido y se repite que la educación, la salud, las vías de comunicación, el agua, la alimentación, entre otras urgencias, son básicas para que los pueblos y los habitantes logren superar dificultades, a nivel individual y social.

Naturalmente, en tiempo de campaña, para administrar el país y las ciudades, quienes aspiran llegar a tal administración, realizan una serie de ofrecimientos.

Sumamente positivos, favorables para habitantes y poblaciones.

No hay persona que no quiera trabajar por el bien de su pueblo y de la misma manera, velar por la mejoría y superación de los habitantes.

Es lo más loable.

Lamentablemente, no siempre, por no decir, pocas veces, hay relación en lo que  se compromete y lo que sucede con el comportamiento de la ya hoy autoridad.

Casi siempre, se olvida, o como se dice, “fueron ofrecimientos de campaña”.

Y los dirigentes lo manifiestan muy tranquilos, sin incomodarse.

Es una realidad.

Ahora, ¿por qué sucede esto? ¿por qué hay olvido cuando se es autoridad?

Los estudiosos y los investigadores, dan a conocer que ya se está en otros tiempos, que todo cambia.

Es una verdad, todo cambia.

Pero creo que hay temáticas que no pueden cambiar.

Se repetía antes, la palabra empeñada es sagrada, no se puede jugar con lo que se compromete.

O, mejor, no digas, menos ofrezcas, lo que no puedes cumplir.

Una gran verdad.

Se hace hincapié en la pérdida de los valores y en el predominio de “Pepe el vivo”.

Lo que está tremendamente mal.

Lamentablemente, en estos tiempos, la educación pasa por malos momentos.

No se habla del imperio de la tecnología. No.

Se hace hincapié en la falta de lo esencial, la mirada profunda, honda en la misma existencia del ser vivo.

No se reflexiona en lo que representa ser persona y lo que sucede con el entorno.

Se ha llegado al predominio del individualismo, para lo que se rompe o quiebra el mundo valorativo.

Menos importa la palabra empeñada.

Se dijo porque era necesario decirlo, no para que se haga realidad.

De ahí las promesas de campaña, los ofrecimientos y los regalos, para lograr un objetivo.

Más tarde, no me acuerdo.

Seguir para  adelante.

En la gran realidad, dura, pero es.

Nada más, por hoy. 

 

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