La palabra empeñada
Decía en Palabra Mía anterior que es necesario regresar al ayer, tornar presente lo ya pasado, que es bueno.
Ahora, recuerdo a mi escuelita fiscal, la ya tradicional 237, que ahora lleva el nombre de su antiguo y entregado director, recuerdo lo que él manifestaba en las mañanas, en la formación, en el patio central; también lo decía cuando faltaba algún profesor e ingresaba al salón.
Era algo muy sencillo de decir, pero, para nosotros, difícil de cumplir, tenía que cumplir con la palabra empeñada.
El hombre y naturalmente la mujer, es que es su palabra, lo que manifiesta, lo que ofrece o lo que entrega.
Repito, ya lo decía en Palabra Mía anterior, primero es la palabra, el verbo, lo oral, luego viene la escrita.
Y lo importante, muy importante, es lo que se dice de manera oral y cómo se cumple, se lleva a la realidad.
Y aquí hay que reflexionar, sobre lo que sucede en estos días en el país: la espiral de la violencia.
Naturalmente, no es de ahora, viene desde muchos años, de largos años.
Y tiene que ver con los dirigentes o con quienes antes de llegar a un cargo público, decían su verbo encendido.
A través de la historia, desde la invasión española, quienes han conducido lo que ahora se conoce como República Peruana, han manifestado una cosa y realizado otra o se olvidaron de lo que se ofreció al respetable.
Hay que regresar a los últimos cincuenta años y estudiar lo que se ofreció y no se plasmó.
Lo que está sucediendo en estos últimos días y no sé sabe qué sucederá más tarde, tiene su origen en lo que se manifiesta.
No hay relación en lo que se prometió en campaña, sea en el Poder Ejecutivo o Legislativo.
Hace más que largo tiempo, siempre se han realizado acciones que no se prometieron o lo prometido se olvidó.
Y el tiempo sigue pasando.
No hay protestas.
Pero la historia señala que los extremos son malos y llega un momento que la calma se torna en violencia incontrolable.
Algo muy sencillo, la escuela, la primaria, el alumno, el que se considera más fuerte, el abusivo, se impone y nadie dice nada.
No hay que olvidar, todo rebasa.
Y cuando menos piensa, el valiente, entre comillas, recibe la respuesta de uno o varios del salón y termina el abuso.
Es lo que está pasando.
Si quienes dirigen el país o lo han conducido y ahora “dictan” cátedra de cómo conducir lo hubiesen respetado lo que se comprometieron en campaña, otra cosa fuera nuestra realidad.
Es verdad esta vez, la población confío en algo diferente, así se manifestaba, y, luego , otra vez lo mismo, sin esperanza y con todo en contra.
En el hogar, el padre debe cumplir con lo que ofrece al niño o niña.
No hacerse el “loco” , como se dice. Así no.
Por ello, otra vez, recuerdo, las enseñanzas, de lo recibido en la escuelita fiscal.
Y la importancia de cumplir, en lo más sencillo, con la palabra, lo que se ha sostenido.
De lo contrario, viene el desorden, el caos.
Lo que está sucediendo.
Por ello, hay que regresar al ayer.
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