Regresar al ayer

Es necesario e importante que la persona haga un alto en el diario vivir, deje el presente, angustiante, desesperado, violento y regrese al ayer.

El regresar, capaz tenga que ver con los años aurorales, cuando recién se empezaba a mirar la vida, el mundo, con ojos soñadores, con sueños que, poco a poco, se iban a realizar.

Todos tenemos sueños unos se cumplen, y otros no; el que se cumplan dependen de uno mismo, del esfuerzo, el coraje que se ponga para que se plasmen en realidad. Sea tarde o temprano.

Capaz volver a la adolescencia, al colegio o a los años universitarios, recordar a los profesores, a los compañeros, a los libros que impactaron.

Libros que muchas veces se retoman, se vuelven a las páginas amarillentas, pero el pensamiento del autor, las vivencias están presentes.

Hace unos días, revisaba lo escrito por autores hace más que buenos años, décadas que se asemejan a las que llevo de pie, me encontré con “Costa, Sierra y Montaña” del periodista, estudioso de la realidad nacional y hombre de pensamiento alturado, Don Aurelio Miró Quesada Sosa.

El libro apareció allá por los años del cuarenta y narra el camino que realizó el autor a través de las tres zonas del país, las impresiones, las personas con quienes logró en cada pueblo, compenetrarse y recorrer algunos lugares.

En el recorrido que hace el autor por la zona norte, “La Libertad, Trujillo, Aspectos Coloniales y Republicanos. De los parlampanes a las pallas”, menciona.

Me encuentro, Capítulo X, con “San Pedro de Lloc. La Casa de Raimondi y los pellones sampedranos. El puerto de Pacasmayo“

Regresar al ayer, cómo el autor, hace ochenta años, vio la zona norte, pues describe, “...al llegar a San Pedro de Lloc. Con sus cuatro líneas de ficus, que saben tamizar al mismo tiempo la intensa luz del sol y los ruidos lejanos, la bella alameda de San Pedro es uno de los remansos más tranquilos y uno de los escenarios más amables que encuentra el viajero en estas tierras “.

Menciona, “La iglesia de una torre se halla el Convento de los Padres Carmelitas, que perteneciera antiguamente a los de la Orden de San Agustín…”.

Se refiere a la educación “... Igual placidez puede observarse en el Colegio Santa Teresa, que con afanosa devoción y cariñoso empeño dirigen las madres franciscanas. Es un plantel pulcro y cuidado, alegre de voces infantiles, que representa para la enseñanza primaria lo que para la instrucción media es la Unidad Escolar José Andrés Razuri, debido buena parte al tesón entusiasta y espíritu de cooperación de los vecinos notables del lugar”.

(Entre paréntesis, hoy el colegio, a pesar de los años, no logra concluir la construcción de su nuevo local).

El autor sigue su recorrido por San Pedro de Lloc, describiéndolo y dando vida a la tierra donde pasó sus últimos días el hombre que recorrió el Perú y entregó inmortal obra “Perú”.

Cierro, “De todo converso por la noche con los buenos amigos que, entre frases y anécdotas cordiales, me llevan de San Pedro a Pacasmayo y me rodean gentilmente en la terraza fresca y anchurosa del Club Social de puerto…”.

Repito, hay que regresar al ayer.

Reflexionar y mirarse adentro.

Todo pasa tan rápido, todo cambia tan rápido.

Sólo queda guardar silencio.

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