De las autoridades y los pueblos
Hay que regresar al ayer.
Frente a una campaña para elegir a las autoridades principales, presidente, vicepresidente, parlamentarios, el país ingresa a una especie de feria.
Hay movimiento de personal, interesado porque tal a cuál candidato logre llegar al poder ejecutivo, legislativo.
Los ofrecimientos a cada cual mejor; se visitan lugares inimaginables, los habitantes se quedan asombrados.
Algunos candidatos, muy folclóricos, hasta se toman la molestia de vivir, por algunos días, los de campaña, en las zonas más alejas, más pobres, para “vivir” como todos.
Repito, se promete, más hospitales, colegios, agua, desagüe, luz; aumento de los ingresos, cero corrupción, pena de cárcel para quienes cometen delitos en contra de la ciudadanía, de los bienes del estado.
Se ofrece, como se dice, el oro y el moro.
El candidato nunca más llega al pueblo humilde o pobre a “vivir” para comprender mejor la realidad
Nuevamente, otra vez, el engaño.
Como dice el Viejo, muy respetuosamente, nadie nos sacará de esa dolorosa realidad.
Sólo queda trabajar, en lo que uno sabe, para poder vivir hasta que taita lindo lo quiera.
Y gana el conformismo.
Se impone el silencio, nuevamente.
Ya son más que varias décadas que llevo de pie y he visto pasar por los poderes públicos , damas y caballeros, que dijeron mucho, pero más tarde, callaron, y callaron para siempre, como dice el sacerdote.
El engaño, la farsa, la mentira, y otras “buenas” cualidades de los candidatos, predominan.
Si se revisa los últimos treinta años de la historia nacional, de promesas incumplidas, da vergüenza, no por el engaño, sino por el cinismo, por la pérdida, no de valores, mejor no hay que mencionar a los valores, para no ser anticuados.
Los valores están en los libros de filosofía y filosofía ya no se enseña en los conocimientos.
El pueblo, o mejor, yo, burlado, engañado, con promesas, no falsas, se sabía que no se iban a cumplir.
Con mis muchas décadas vividas, miro el ayer y recuerdo a los parlamentarios, diputados y senadores, de esta parte, ya fallecidos que quedan en la memoria de los Viejos, con mucho respeto.
Los de ahora, poder ejecutivo o legislativo, están de pie.
Pero ya no recuerdan los tiempos vividos.
O mejor, los tiempos perdidos.
Y se reclama, se grita, como los primeros nipones que llegaron hace más de cien años, “Palabra de Caballero”.
Pero, ya no hay Palabra que se cumpla, tampoco caballeros.
En fin, hay un nuevo gobierno y otra desilusión para quienes confiaron.
Repito, he vivido tantas décadas, que la desilusión invade; los sueños, sueños son y los cerros cada vez se llenarán de chozas y el agua vendrá cuando haya lluvia.
Y siempre, candidatos y autoridades, que ofrecen mucho. Nada más.
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