De lo que se ve


En estos últimos días ha tenido lugar acciones, por parte de políticos, de dirigentes, y representantes de partidos políticos, cada vez más asombrosas.

Regresando al ayer, pues los tiempos idos, son los mejores maestros, se dan las mejores enseñanzas y se aprende.

Se aprende mucho.

Por algo se dice que la historia es la madre de la humanidad, de los hechos.

Que revisándola, ya no se caerá en los mismos errores.

Se dice.

Décadas atrás, hace ya varias, los partidos políticos tenían ideología, había escuela, se recibía enseñanzas de los mayores, de los viejos dirigentes.

Eran otros hombres y otros días.

La persona se afiliaba a un partido, después de leer sus postulados, de comprender lo que buscaba. Lo que quería para bien del país.

Repito, eran otros días.

En el puerto, el de antes, habían dos partidos bien marcados, el partido aprista y el partido comunista.

Hacían escuela.

Se respetaba a los dirigentes, de la misma manera, a los integrantes.

No era fácil estar en uno o en otro.

Las actividades por aniversario, eran culturales, de enseñanza y de repetición.

Los periodistas de esos tiempos decían su palabra en los diarios, revistas o boletines.

Eran, igualmente, días de lectura.

Felizmente, la Biblioteca, que se encontraba en el Malecón Grau, en el caso de la esquina con Junín que ya debe estar en el suelo o por estar, era lugar de encuentro, de conocimiento.

En otra oportunidad, dije que muchas personas de la época, aprendimos , conocimos a damas y caballeros que hacían patria con las letras.

Repito, se leía.

Se lograba editar, revistas, apuntes, a fuerza de coraje, de emoción y de sueños, en la máquina de escribir, para llevarlo al mimeógrafo.

Y más tarde, ya “calientito” llegaba a los amigos, a los soñadores.

Cuántas aventuras, cuántos sueños por cambiar al mundo, el país.

No habían tanto colegio como ahora.

Menos “anexos” de universidades.

Había sí seguridad, reflexión.

Se ingresaba al mundo de la filosofía por emoción y por amistad.

No sé, en verdad , sin queda algún soñador de los años ya idos, de aquellos que miraban la vida con ojos de noche, de mucha noche y más tarde, mucho más tarde, brillar la razón, la luz y la esperanza.

Llego a Pacasmayo y no hay una librería.

Busco y rebusco algún libro, pero dónde, dónde.

Sólo diarios de “china”.

Si se quiere un diario de verdad, hay que pedir que lo consigan y lo guarden.

Es la verdad.

Vuelvo, a lo mismo, ya no se lee.

Y será más grave, más grave, con el tiempo.

Con el humano tiempo.

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