Reflexiones. Reflexiones




En verdad, en verdad, cuando más años se está de pie, cuando más tiempo se pasa entre libros y estudiantes, surgen más reflexiones, especialmente de la finitud de la existencia, del rico mundo valorativo y de la poca o nula importancia que se da a la responsabilidad frente a los demás, al próximo, al más cercano.

Tengo por costumbre estar en mi puerto querido, el de antes, en los meses de julio y fin de año.

Siempre observando, caminando y contemplando al puerto, que cada día pierde su humanidad, la que tenía antes, muchos años, cuando estaba de pie la escuelita fiscal, la 237, con sus profesores, los de antes y de a verdad, y su director que también ingresaba a las aulas.

Todos han partido a la otra orilla.

Hace algunos años, más que varios, encontré al antiguo director, Don Enrique, en Lince, conversamos de partida, de rápido, pues tenía mucho que caminar, me dijo.

Alguna vez también me encontré por el Parque Universitario, hace más que largo tiempo, con el profesor Marino Koo Rojas.

De ahí hasta hoy sigo caminando a ver si me encuentro con alguien, pero es imposible.

Todos han partido a la otra orilla, repito.

Yo también viajaré desnudo, sin paquete.

Mi mujer me decía, cuando mueras, te pondré en tu cabecera el diario ‘‘El Comercio’’ y algunos libros. Pero no fue así, pues partió antes que yo.

Y siempre estoy en el Malecón que lleva el nombre de quien nunca pensó en sí.

El país, la patria, estaba antes que todo.

Encontraba al doctor Bamberger sentado en su patio, mirando al mar, siempre al mar, perdiéndose en la lejanía.

Conversabamos de varias cosas.

En este último julio 2019, hacíamos un recuento de los japones que se habían sentado en el puerto. Se hizo presente el japonesito Regis Tanabe y su señora esposa, la tienda del jirón Junín donde se encontraba de lo más simple hasta lo más complejo. Y los dulces, en variedad.

También de las hermanas Nomura, que vendían vestidos para los más pequeños.

También se ofrecían libros, compré algunos que están en la casa del puerto, entre otros libros.

Así, seguimos haciendo recuentos, recuentos.

De la familia Ascorra, de su hermana que tenía la imprenta en el jirón Junín.

De la imprenta del señor Armas ubicada cerca a donde se encuentra este su diario de la mañana.

Y cuando me retiraba, me preguntaba cuándo regresa, a fin de año o fines de julio.

Me respondía, ya no me encontrará. Estoy viejo.

Volvía y lo encontraba, le hacía recordar lo que me dijera.

Conversábamos, al fin, de la misma manera.

Y en julio último, me repitió lo mismo. Nos reímos. Le di la mano.

Ahora, este su diario de la mañana, da a conocer el fallecimiento del Ex Juez Civil del Puerto.

Esta vez, cuando vaya al Malecón ya no lo encontraré. Me ganó en la partida.

Capaz, como el tango, noventa años, no son nada.

Pero sí fueron muchos para Braggi Bamberger Miranda.

Sobre el autor

Contacto UNDiario

Somos un equipo de periodistas trabajando de la mano de nuestros aliados, los ciudadanos.

Escríbenos a [email protected]