Trascendencia, Convictorio de San Carlos


En estos tiempos confusos, donde el sentido de patria, de peruanidad, de respeto por la dignidad nacional, por las instituciones fundamentales, día a día se pierde, se cae y se impone la mal denominada modernidad, es necesario recordar lo que sucedió antes que el gaucho diera el real sentido al ‘‘Somos Libres…’’.

En los tiempos de la colonia, cuando ya no se podía tolerar el abuso, la prepotencia y la muerte, surgieron personajes, damas y caballeros, que trataron de decir no solo su palabra sino que llevaron adelante acciones que, más de las veces, costó la existencia, su vida.

La revolución surgida en el hoy conocido como Estados Unidos de Norteamérica contra la dominación inglesa, la entrega de la Primera Constitución que hasta el presente se mantiene con algunas modificaciones; así como las ideas que llegan de Europa, especialmente de Francia, donde se había dado la Revolución Francesa, sustentada en los principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad, dejaron sentir su peso en los intelectuales y rebeldes mestizos, indígenas.

Entre otras instituciones, el Convictorio de San Carlos, marca la ruta por la emancipación.

Con la dirección del maestro chachapoyano Toribio Rodríguez de Mendoza, San Carlos se torna en el centro de inquietudes, de propuestas y también de esperanza.

Hombre de pensamiento amplio, horizontal, amante de la cultura sin barreras, los alumnos se acercan a los estudios que vienen de los pueblos antes mencionados. El director no tiene reparos en abrir las aulas a los aires y pensamientos de quienes miran más allá de intereses personales y están prestos a dar su vida por los ideales.

Eran tiempos en que sí había ideales, se trabajaba por lo que se requería, se sentía.

Se vivía como se pensaba, siempre en alto la libertad de pensamiento, la igualdad de los seres, y la fraternidad; la hermandad ante la injusticia y ante el predominio de la búsqueda de intereses individuales.

Cuando el general de las pampas proclama la independencia del Perú, con discrepancia con algunos políticos, piensa en retirarse.

Tenía ideas monárquicas.

Equivocado o no, pero decía lo que pensaba.

Convoca al Primer Congreso Constituyente que se instala el 20 de setiembre del año 1822.

Y ante el Congreso renuncia.

Se retira.

El Congreso Constituyente, nombra a un presidente provisional y es la figura, la personalidad, de don Toribio Rodríguez de Mendoza.

En el Congreso, el maestro encuentra que la gran mayoría de parlamentarios, ilustres, había salido de las aulas del Convictorio de San Carlos.

Hombres de la talla de José Faustino Sánchez Carrión, El Solitario de Sayán; Francisco Javier Mariátegui, Manuel Pérez Tudela, Francisco Javier de Luna Pizarro; Hipólito Unánue, José Gregorio Paredes y otros, están en el Congreso Constituyente.

Solo menciono algunos de los 71 diputados.

Varias décadas en la dirección del Convictorio, formando y tratando de hacer patria.

No hay que olvidar, eran otros tiempos y otros hombres.

Solo quería recordar, revisar la historia, y mirar el pasado que ya no regresará.

Tampoco hombres de la talla del Primer Congreso Constituyente.

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