De lo que sucede en estos tiempos




El país se acerca a conmemorar los doscientos años de la emancipación de la corona española. Las autoridades centrales han nombrado la Comisión que se encargará de preparar los festejos.

Hay inquietud en algunas instituciones por estar presentes en tan importante fecha.

Nada más loable.

Lamentablemente, en estos tiempos suceden hechos que dan la impresión que si se sigue así, los festejos por tan trascendental fecha no evitarán la preocupación que se tiene.

La sociedad en general se encuentra movida.

Las autoridades, de los poderes más representativos del país, están pasando por momentos nada favorables.

Las rivalidades, si cabe la expresión, entre poderes -o mejor- entre los representantes, día a día se agudizan.

Da la impresión que no se quiere respetar el espacio de cada poder; menos a las personas que conducen instituciones que tienen que ver con la misma marcha del país, poderes del estado, hacer un alto y ponerse a órdenes del país, para servirlo.

La historia patria está plena de acontecimientos que han quebrado la tranquilidad, de acciones que se han impuesto por la fuerza y tomado medidas, en nombre de la población, y con la finalidad de lograr salir de la situación en la que se encontraba la sociedad en esa época.

Se repetía que todo se hacía por el bien del país y de sus habitantes. En el tiempo que se estaba en el poder, no se logró lo que se esperaba. Por el contrario, los problemas, en su diferente naturaleza se agudizaban.

En la actualidad, el país tiene más de treinta millones de habitantes y la situación de la población no es nada halagüeña.

Lima, la capital de la República, los habitantes, especialmente de los denominados conos, presentan realidades sumamente angustiosas.

Los medios de comunicación, en su variedad, dan a conocer a la existencia que llevan los habitantes; los males que aquejan, desde los niños y las personas de la tercera edad.

Ahora, recorrer el país, no las ciudades conocidas como importantes, como fuentes de turismo, no; llegar a las zonas alejadas, a los lugares donde la población tiene que ‘‘pelear’’ a diario con la naturaleza, sea la lluvia, el friaje, la falta de agua, de trabajo o quienes se dedican, lo que es grave, muy grave, a la minería ilegal, a la tala, se oponen al progreso o cuidado del ambiente.

Los diarios entregan al respetable fotografías tomadas desde lo alto y se ve cómo se destruyen reservas naturales, son muchas hectáreas de verde que se muestra ‘‘peladas’’, tierra ‘‘calata’’.

Igual sucede con la tala.

Estos tiempos son tormentosos. La existencia se lleva a la mala. Las promesas de una mejor vida y crecimiento para salir del entrampe no se pueden plasmar en realidades.

Seguimos siendo país tercermundista.

Se repite hasta el hartazgo, país en vías de desarrollo.

Se dice que, dentro de poco, se será país del primer mundo.

Pero los habitantes tienen hambre, sienten frío, son analfabetos y no tienen recursos para ir a una clínica privada para mejorar la salud o salvar la vida de sus menores hijos.

Es la dura realidad.

Lima, octubre 2018

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