De los pueblos y los gobernantes




A través de la historia los pueblos han tenido diferentes gobernantes, cada cual con sus propios intereses y su forma de ser. Los reyes, los emperadores, los tiranos, muchos, según ellos, descendientes de una divinidad.

Y esa descendencia le daba pie para cometer abusos e imponer la fuerza, la prepotencia y por ende, la muerte.

La historia de los pueblos se tiñe de mitología, de leyenda y de lo religioso. No hay un pueblo que haya tenido origen humilde.

Todos han venido protegidos o enviados por la divinidad. Y en alguna parte del mundo todavía se sigue creyendo así. Allí está la Edad Media y lo que significó para la humanidad.

De la misma manera, el Renacimiento, el Humanismo. El despertar de los pueblos.

Para no ir muy lejos, al mundo. Hay que ver la historia de los pueblos, no preincas, sino los incas. Luego, voltear los ojos a los tiempos del Virreynato. Más tarde, mirar los inicios de la República.

Antes de la llegada del hombre de las pampas gauchas y luego de la permanencia del Alma Llanera. Los años 1821; más tarde, 1824. Ahora, Siglo XXI, año 2018.

Y mi país es conducido por gobernantes, por autoridades que ya no se consideran divinas, sagradas, menos inmortales.

Pero sí hace alarde de poder, de ser únicos y dar leyes y normas que se dice, son para fin de los más necesitados.

Cada periodo gubernamental, desde las más altas autoridades hasta las más cercanas, la intención es la misma.

Cada vez que se acerca cambio de autoridades, se repite, el pueblo por su voluntad dará su voto a quien mejor conducirá la vida de los ciudadanos y la representación, La Gran Historia, nos indica otra cosa.

Si regresamos al ayer, lo que está sucediendo en la actualidad no es novedad. Ya se dio. Como dice el Gran Libro, ‘‘Nada Nuevo hay bajo el Sol’’. ‘‘Lo que parece nuevo, ya fue en tiempos idos’’ De ahí, cuando se habla de corrupción, de falta de autoridad, de abuso de autoridad, de desaparecidos o de buscar salidas para que la población tenga una mejor existencia, un mejor nivel de vida, hay que tomarlo como mucha calma y reflexión.

La historia de mi país, teñida de sueños, de esperanzas, de creencias y también de ilusiones. Tal personaje salvará al país, se acabará la corrupción, el abuso y habrá otro nivel de vida.

Ya no somos un país tercermundista. Somo emergentes. Y el respetable se como el caramelo.

Los problemas de la población se agudizan. La esperanza se vuelve flecos.

Pero unos ganan y otros que pierden. Ganan los menos y pierde los más

Invade el pesimismo también se impone la indiferencia. Pero mi patria se desangra y sus ciudadano miran al cielo y la lluvia no llega.

Las tierras no se pueden cultivar. La vida se torna en confianza en días mejores.

Pero no llegan. Los gobernantes se frotan las manos. El frío cala también el hambre.

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