Días trascendentales

Columna de Felipe Tapia

Nacimiento


En el mundo occidental hay dos fechas que marcan la historia, que testimonian el ayer y el mañana. La primera tiene que ver con el nacimiento del Nazareno, la entrega y muerte, por el mensaje que encierra esperanza para la humanidad y el compromiso en ser cada día mejores.

Desde la concepción, más tarde, el nacimiento y luego la existencia, hasta el presente, hay misterio, y más todavía, lo que sucede después de su muerte y el camino que transita frente a quienes no pueden creer lo que narran testigos.

Palabra plena de mensaje afectivo, de lo más grande que tiene el ser vivo, al amor.

Resuena en los oídos rebeldes, que nunca pueden entender, menos poner en práctica, llevar a la realidad, “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”.

Siempre he creído y seguire creyendo mientras esté de pie, que la solución para los problemas, en su variedad, que hay en la sociedad, terminarían si se llevara a la vida la Palabra.

Pero, ¿quién ama, quién? Si en estos tiempos ni a sí mismos se aman, menos aman a su mujer, a sus hijos, y a los demás. Es una utopía.

La tolerancia, la bondad, el bien, la justicia. la comprensión y especialmente, el afecto, son valores ya desactualizados, no encajan en estos tiempos denominados de  “modernidad”.

Si cuando se piensa en la existencia sencilla, humilde del Galileo, y se observa a los dirigentes, no del mundo, de nuestro país, o mejor, de la localidad, se mira uno las manos vacías y aflora el llanto y la pena por la falsedad que predomina.

Es la concepción misteriosa, más tarde, el nacimiento, y luego, la muerte.

Y el tiempo que no se detiene, que cabalga rebelde potro y el viejo Cronos, de luengas barbas, se ríe para sus adentros; porque el débil, pero prepotente conocido como hombre, se asusta, tiene miedo cuando ve que sus días se agota como dice la Palabra, como los días del labriego.

Tiempo que debe ser reflexión porque el hoy se aleja y el mañana se presenta inseguro  y los años eliminan al ególatra.

Pero, terco e infeliz, no piensa, no analiza, menos mira el mañana, sino optimismo sí con pesimismo, le queda únicamente autoengañarse, automentirse y se entrega al licor, a lo que denomina “brindar” y se emborracha, vomita, empanza porque come mucho.

O como se repite, con insistencia, unos se mueren porque no comen y otros porque comen mucho. Se festeja, se abrazan, qué de cosas no hacen, como saltar, similar a su pariente que entrega papelillos donde, se dice, se narra el futuro.

El licor embriaga, saca de la realidad, y se cree  que se es feliz, cuanto más ebrio se está y se come semejante a cerdo, perdón, por mencionar a tan humano ser.

Sin embargo, hay que retornar a la realidad, a la verdadera realidad y aquí los pies no se pueden sostener en la tierra. Bien.
Es el tiempo que ya viene, lo denominan Año Nuevo, es la ilusión de los tiempos nuevos, que , en verdad, son tan viejos, como la misma mar.

Mientras tanto, dos fechas que señalan caminos ya recorridos por otros viñedos hace muchos o más que muchos años.

Pues así llama el hombre al tiempo, hora, día, semana, mes, año y luego viajar a la otra orilla.

Sobre el autor

Prensa

Somos un equipo de periodistas trabajando de la mano de nuestros aliados, los ciudadanos.

Escríbenos a prensa@undiario.pe y síguenos en @UNDiario