Retornar al Humanismo

Columna de Felipe Tapia



En estos tiempos que la humanidad pasa días sumamente difíciles, humanidad atrapada en la violencia, en la pérdida de valores y cada vez menos respeto por la vida, por la persona, por mencionar algunos aspectos que sacuden la existencia, se torna en imperativo regresar a los años donde se consideraba a la persona, se valoraba la reflexión, el pensamiento y se apreciaba la belleza, en su amplitud.

Y en lo que se refiere al país, a nuestro país, es más que urgente retornar a las doctrinas humanísticas, aquellas que fueron el sustento de culturas pasadas, de grupos humanos que tuvieron otra visión del mundo y de la vida.

La muerte ronda en cada esquina, y es obra de gente joven, de quienes recién se presentan a la vida y más de las veces no saben por qué respiran ni para qué mastican el pan hurtado al débil.

Se ha llegado a tan grave situación, capaz mortal, que la vida o mejor la eliminación de un ser, tiene precio, pero un miserable precio que no alcanza ni para comprarse una buena camisa y un buen pantalón.

La delincuencia, el delincuente, día a día se devalora. Y esto es doloroso.
Siempre repito, alumnos, los de antes, maestros,  los de antes; y se puede repetir, delincuentes, los de antes.

Quienes hacen alarde de hombría porque eliminan por dinero,deben leer “Duelo de Caballeros” de Ciro Alegría o revisar la historia de los pamperos gauchos, arrieros que lian a morir, pero con mucha honra y gran altura.

Dignos de ser admirados.Regresar al humanismo significa en la educación, en los colegios, los profesores, mirar hacia el ayer, a la altura griega, a los contenidos humanísticos, contenidos referentes a la esencia misma la existencia.

Lamentablemente, por los tiempos conocidos con modernidad, se deja de lado la misma raíz de la persona, lo intrínseco que fortalece, da superioridad sobre los seres inferiores.

Menospreciado el arte, en su gama, sin respeto por lo bello, por lo trascendental; sin conocer la combinación de sonidos, la combinación de colores, menos los movimientos de la danza, ni la expresión corporal para transmitir mensaje en las tablas.

Y qué decir, de la gimnasia, del salto, del taburete, de las argollas, de la velocidad en las carreras y de la armonía en los movimientos.

Y en lo intelectual, la historia universal, del país, la geografía, igual, del Perú y del Mundo; la madre del conocimiento, la filosofía, la psicología, la lógica, etc.

La literatura y los periódicos, la variedad y las antologías o las obras íntegras. Ya no se lee, se recurre a la “maquinita”, a la pantalla y se ingresa al mundo de la obscuridad, de la pérdida de lo legado por mujeres y hombres de tiempos idos.

Y las ciencias, pero en base a la memoria, a la capacidad para resolver problemas y lo más elemental, la suma de varios sumandos; las cuatro operaciones, sin calculadora, porcentajes, raíz cuadrada.

Ciencias naturales, explicar por qué se está de pie  y por qué se deja de respirar; la vida de los vegetales y de los animales inferiores.

¡Tanto hay que hacer y decir! Mejor guardo silencio.

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