De Nuevo En El Camino

Ambulantes Malecon

Hace más que buen tiempo que Palabra Mía se había separado del camino, por diferentes razones.

Pero hay que volver a la ruta y mientras su autor esté de pie la Palabra, el verbo, que fue al comienzo, seguirá latiendo en las páginas impresas, estará en blanco y negro.

Y el pensante diciendo lo que observa, lo que reflexiona, lo que le parece que no está bien, que debe mejorar, siempre en favor del próximo, del próximo, del más cercano.

No por molestar, menos incomodar.

Repito, para superar lo que se puede y, en verdad, sí se puede, si los conductores de los pueblos, de las instituciones, en su variedad, lo desean, lo quieren y cuentan con el apoyo de los ciudadanos, de quienes tienen que poner el hombro para que el lugar donde  habitan sean considerado como buena casa.

No al contrario.

¡Hay tanto que hacer por el puerto!

Hace unos días, recorrí las calles.

Es bueno, cada cierto tiempo, salir de la Gran Urbe y hermanarse con lo más simple, con lo más sencillo, con lo que brinda la madre natura.

Y, también, es absurdo, no se sabe respetar lo que ofrece la madre natura, en este caso, el mar.

Lo que entregan al respetable, las autoridades, en este caso, las papeleras.

Papeleras desfondadas, otras queda el lugar donde estuvieron, pues se las robaron, me parece.

En lo que se refiere a la playa, ¡qué dolor!

Parece mentira.

Botellas de cerveza rotas, arrinconadas, bebidas que estuvieron en latas, botadas.

Envolturas de chocolates, de helados, de galletas entre las piedras.

Y así, poco a poco, y los visitantes, sin respeto, como no es su tierra, bebiendo en pleno malecón y en pleno día.

Pues había mucho sol.

Por otra parte, qué pasó con el techo del tradicional mercado, como se dice, de la parte baja. Ya lleva tiempo y los comerciantes ofrecen sus productos no en un ambiente que ofrece garantía.

- ¿Y el señor alcalde?, pregunté a un caballero que estaba comprando verdura.

Me respondió, con sorna, a la vez risueño: - En su oficina.

Por mencionar dos incomodidades que se presentan en estos tiempos de modernidad, de alta tecnología.

El reloj de la municipalidad  parece que ya se cansó de estar entregando la hora al respetable. Y no es que se haya cansado recién.

En fin.

Se sale de la Gran Urbe en busca de tranquilidad, de paz y de sana recreación, pero se encuentra con todo lo contrario.

Se dirá, es parte de la vida, así son los pueblos, no se pueden superar dificultades.

Capaz.
Pero sigo pensando, los pueblos, su mejoría lo llevan a la realidad, las autoridades y con la colaboración, gran colaboración, de la ciudadanía.

Solas las autoridades, no lo hacen, como se repite.

Redacción UNDiario

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