Repasando la Historia Viviente
Repasar la historia, volver a lo que fue el ayer y contemplar en el hoy que es de sus vidas de lo que antes era esplendor, belleza y testimoniaba la grandeza de la creación humana, más de las veces duele hondo, muy hondo.
Hay que tomar en cuenta, las formas que toman las rocas, con el paso del tiempo, gracias a los fenómenos naturales se tornan en figuras mejor talladas que un gran artista.
La naturaleza es madre y maestra, también norma y ejemplo de seguir.
Pero el hombre terco, soberbio, egoísta, entre otras "nobles" cualidades, se empecina en destruir lo grande, trabajado en el ayer por hombres y mujeres que dieron su vida.
Lamentablemente, las generaciones, en caso particular, las de hoy, no respetan ni valoran el arte de quienes ya no están, pero que dan los testimonios y reclaman comprensión, tolerancia y especialmente afecto, amor y buen trato.
Capaz suene absurdo, pero si se reflexiona apasionadamente, así es.
Una casona llora en silencio cada vez que es desbaratada, maltratada y desmembrada.
Sí, así es.
Hay que ser sensibles para entender lo que narro.
Brotan las lágrimas cuando se observan casonas que ya falta poco para que estén en el suelo.
Cuántas veces he pedido comprensión y apoyo a las casonas que, poco a poco, están muriendo.
Cuántas veces he lamentado que no se tenga autoridades sensibles, amantes del arte y de la belleza.
No como lo griegos que pedían que los gobernantes fueran filósofos.
Sería pedir mucho en un país, o en una tierra muy pequeña, mi querido Puerto, donde la educación cada día está más lejos, el respeto se encuentra en los diccionarios y la amistad es un sueño, sueño de ayer.
Una casita bonita, de un piso, al final del Malecón Grau haciendo esquina con Elías Aguirre, en tiempos idos representó el orgullo de quienes la levantaron y pasaron su existencia, capaz alegre o triste.
Ahora, muy dolorosamente, se está cayendo y termina, así lo veo, como un vulgar depósito.
Pregunté de quién era la casa y no repito el apellido porque me causó asombro.
Igualmente, le pasó a quien me informó.
Pacasmayo Antiguo es descuartizado como el poema de Alejandro Romualdo al Gran Túpac Amaru.
Lo más triste, nadie hace nada.
O mejor, a nadie le interesa.
Se vive en la selva, cada quien se trae abajo lo que testimonia el ayer.
Recuerden lo que pasó con la antigua aduana.
Poco a poco se fueron robando las puertas, las ventanas, hasta que desapareció tan histórico recuerdo; a pesar de que la Comisaría está cerca.
Sobran las palabras, ya surge efecto la queja, el lamento; predomina la insensibilidad.
Y también la muerte de quienes no pueden hablar, pero observan y reconocen que son descuartizados por bípedos que mejor se hubiesen quedado en cuadrúpedos.
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