De las contradicciones

En mi país, en estos días se están dando las contradicciones mayores, muy mayores.

En verdad, ya no se sabe qué hacer, como mirar al tiempo y que realiza, por lo que ejecuta.
En diferentes oportunidades he manifestado que el hombre es tremendamente egoísta, soberbio, ambicioso y siempre busca todo para sí, no importa si se atropella o se elimina al que no piensa o no quiere hacer iguales cosas. Negativas, por cierto.
En estos días de elecciones, elecciones para elegir a los responsables de la marcha de país, en los poderes correspondientes, se está viviendo días de locura y también de lo absurdo.
Ya es sabido el nulo o poco respeto al elector, al responsable de lo que sucederá.
Se da la feria de candidatos, y los responsables, se dice, de llevar a la realidad las elecciones, por su participación, se confunden y confunden al elector.
Hay que recordar, de un día para otro, los candidatos se pasan de una agrupación a otra.
No se explica a los electores la razón o motivos fundamentales, de peso, para llegar a tal situación.
Se hace pensando, en tal o cual agrupación política, me puede ir bien, puedo salir elegido parlamentario, sea por segunda o tercera vez.
Es decir, predomina el Yo, mi Yo, sobre el bien de la población, de quienes me eligieron, de quienes confiaron en mí.
Lo más grave, se dice que se hace para bien del país, de la población; que se quiere sacar al país de los problemas que tiene.
Ya he dicho en otra nota.
No se tiene partidos políticos, ya no hay una filosofía, un ideario, principios, No.
Cada día se impone lo pragmático, lo utilitario.
El individualismo predomina, tiene más fuerza.
El rico mundo valorativo queda de lado o ya no existe para quienes ansían dirigir los destinos del país.
También decía, la preocupación por la esperanza del mañana, que sociedad se le está legando, que valores.
La esperanza del mañana, repito, no tiene modelos que seguir, de que asirse.
Si se revisa los medios de comunicación, en su variedad, nada formativo, nada orientador.
No se puede hacer mención a la tarea educativa, de conducción.
Todo queda a cargo del libre mercado, se habla de la autorregulación.
Normas, leyes, principios y lo hermoso de la persona, queda a lo que ofrece el libre mercado.
Y aquí está el entrampe.
Sin embargo, insisto, quienes tienen en sus manos la formación de los niños y jóvenes en las escuelas, que se preocupen más por educar, por formar, menos, instruir o "correr" para cumplir con lo programado.
Los responsables de las escuelas deben tener un rico mundo espiritual y una alta capacidad de comprensión para transmitir a los docentes y estudiantes, lo que, en realidad, requieren.
El libre mercado ha llegado, también, a los colegios. Y esto no es para bien.
Nada más.
Otro día seguiré sobre lo mismo.

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