¡Qué falta de respeto!

Cuando se hace mención al respeto, valor que nunca se puede dejar de lado, menospreciar, no sólo se refiere a la persona, pues el respeto a la persona es algo inherente por el hecho de ser pensante.
Respeto que tiene que ser tanto para el niño como para el adulto mayor, los dos extremos de la vida merecen toda la consideración.
Con esto no quiero decir que no merece respeto el ser intermedio, quien va más allá de la adolescencia, desde el joven, hasta quien está sobre las tres décadas. No.
Hay que reconocer que la persona merece todo el respeto.
No hay duda.
Pero quiero ir a otro aspecto.
Respeto a lo que llegaron los mayores, personas que ya no están, pero testimonian entrega, trabajo y sobre todo, conciencia de lo que hacían, para bien de los demás.
Aquí hay que mencionar los paseos públicos, los lugares históricos, los templos, en su variedad; es decir, lo que encierra la misma historia, la misma existencia.
Y este respeto, aprecio y consideración, por mencionar algunas características, se transmite en el hogar, más tarde, en la escuela y, finalmente, en los medios de comunicación.
La tarea de los medios no es solo informar o dar a conocer sucesos transcendentes.
Sobre todo, esta orientar, enseñar; dar pautas para una mejor existencia.
Lo anterior, para hacer referencia a dos realidades que incomodan y desdicen de la orientación que se debe dar en la casa, en la familia.
El histórico Malecón Grau lleva el nombre de quien testimonia la peruanidad y por ende, nuestra existencia.
Es un paseo público.
En estos días de verano, hay mucho público observando el mar, paseando, degustando una tradicional raspadilla.
Personas de todas las edades.
Lo que sí incomoda, molesta, es que cuando menos se espera se haga presente un joven o adulto en bicicleta, corriendo a velocidad, sin tomar en cuenta nada.
Semejante a los choferes de vehículos de cuatro ruedas, el público, tiene que hacerse a un lado y dar paso al ciclista.
Lo que es tremendamente anormal.
Ahora, frente a la iglesia "Virgen de Guadalupe", se ha levantado un monumento que recuerda al Almirante, lamentablemente, hace más que buen tiempo se robaron la placa y hasta el presente no se repone.
Es la pequeña plaza hay espacio para pasear o transitar, algunas personas buscan la sombra de los árboles, en estos tiempos de altas temperaturas.
Lo grave, el espacio es tomado por jóvenes para desplazarse y hacer piruetas, sobre sus "juguetes" de dos ruedas, orgullosos hacen piruetas y alarde de dominio del pequeño aparato.
El respetable no cuenta para nada.
Ya he visto que se han roto parte de la loseta que sostiene al Almirante.
No en fin de semana, sino día laborable, a media semana; ni policías, ni serenos.
Da la impresión de ser tierra de nadie.
Hay que respetar los paseos públicos y darles la utilidad para lo que fueron levantados.
La personalidad del Almirante no merece este "trato".

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