Bibliotecas locales
A través de la historia, la humanidad ha presentado personalidades trascendentales que han marcado hitos en el quehacer existencial.
Y esto debido a la lectura, muchas de ellas no fueron a la escuela, aprendieron a leer y a escribir y de allí para adelante fue obra de la lectura. Sólo de ella y de la personalidad de quien se hace frente al diario existir.
Por otra parte, han existido autoridades, sea de primer nivel o locales, que, de la misma manera, confiaban en la lectura, de ahí que su preocupación fue crear bibliotecas en diferentes zonas de la población.
Lo que permitió que la esperanza del mañana y el mundo adulto tenga como norma de vida la presencia de los libros y la entrega a la cultura de manera general.
Lo que comento se observa en los pueblos de otras partes del mundo, que en la actualidad son países que rigen la cultura y vida de otros pueblos.
Por esta parte del mundo, algunos países han logrado acercarse al mundo de la cultura y de la lectura, y son lo más admirados y guían a los demás.
Son conocidos y reconocidos.
En lo que se refiere a mi país, esto no se da.
A través de la historia sobran los dedos de la mano para señalar a las autoridades, sean de primer nivel o locales que se hayan interesado o se interesen por la cultura.
No hablo de la educación, que triste realidad.
El legendario y ex humano puerto de Pacasmayo, no escapa a lo que menciono.
Biblioteca o bibliotecas “brillan por su ausencia”.
No hablo de librería.
Tampoco hay en el puerto.
Ya en otras oportunidades hice mención a la trascendental labor que desarrolló la Biblioteca del Centro de Empleados que se encuentra casi en el suelo y que las autoridades locales lo han cercado por temor a la pérdida de alguna vida que se acerque.
Cuántas notas publicamos en este su diario, sobre lo que comentamos.
Y cuánto me apoyó la Biblioteca del Centro.
Cómo me dicen, hoy ya no es tiempo de libros, la tecnología ha superado al libro.
Dicen que lo ha derrotado.
Lo que no creo.
La Biblioteca de esos años, la del Centro Social, permitió que muchas personas se formaran, superaran.
Por esos años, hace más de cincuenta, por lo menos había un par de buenas librerías.
Hoy llaman librerías, a las tiendas que venden útiles para los escolares.
Así no es.
Me entero que la Casa de la Cultura está integrando, poco a poco, una pequeña librería, abierta a los interesados.
Lo que es muy loable.
Ojalá que el público apoye, sea donando libros, capaz ya no hay.
O asistiendo a dar vida al local y pensando en el mañana.
Lamentablemente, repito, la “modernidad” aleja cada día más y más a la esperanza de mañana del libro físico.
Lamentable, muy lamentable.
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