Casa de la Cultura, 60 años

Casa de la cultura

 

Hay que recordar que las personas se agrupan, se asocian, forman instituciones , de diferente naturaleza, de acuerdo a los intereses, a veces individuales o generales.

Siempre, repito, se unen, y ahí están los clubes deportivos, las sociedades de auxilios mutuos, grupos de danza, de pintura y también educativas.

Y, naturalmente, organismos que difunden y conservan la cultura, en su variedad, y se denominan en la actualidad Casa de Cultura.

La labor que desarrollan es invaluable, pues la Cultura no tiene límites ni fronteras.

Pertenece a la humanidad.

Y en mi querido puerto, hoy en el recuerdo, hace sesenta años, tres soñadores tuvieron la iniciativa de crear la Casa de la Cultura.

Ahora, se encuentra en los ambientes de lo que fue el local del Ferrocarril de Pacasmayo.

Lamentablemente, poco a poco, se ha ido perdiendo el local.

Para felicidad , la Casa de la Cultura protege y cuida lo que hace muchos años visitábamos para viajar en tren o en vagón a los pueblos vecinos.

Dieron vida a la Casa de la Cultura, el señor Carlos Arbaiza Strohmeir, quien quiso al puerto como a su casa e hizo mucho y se lo recuerda día a día.

Llegó a ser alcalde.

Pero, repito, alcalde, los de antes.

El señor Francisco D”Angelo Macchiavello, y el hombre de leyes, quien llegó a ser parlamentario, Julián Arce Larreta.

Y para recordar los sesenta años, los directivos actuales de la Casa de Cultura, desarrollaron diferentes actividades , en las que participaron niños y jóvenes miembros de la institución, con la orientación de sus profesores.

El arte, por intermedio de la Casa, está a disposición del respetable, niños y jóvenes, y son los padres y profesores los llamados a promover las actividades.

Y sobre todo, lograr su presencia.

No hay que olvidar, cuando un niño o un joven se aproxima al arte o a la lectura, poco a poco comprende mejor al mundo, a sus semejantes y lleva una mejor existencia.

Quizá la labor de la Casa no se nota inmediatamente, pero con el devenir, se hace presente.

Cuando se conversa con quien tiene vivencia en el arte o la lectura, se encuentra con otra realidad.

Se repite en la actualidad, falta conversar, ya no se conversa; se está con la vista en la pantalla y se encierra en ese mundo.

Ni los adultos, se acercan al campo del conocimiento.

Es pobre, muy pobre, lo que se puede encontrar en las personas, el diálogo ya no se da.

Predomina el silencio.

Y poco a poco, la cultura, la formación, se aleja.

De ahí la trascendencia de la Casa de la Cultura.

De ahí la trascendencia también de un medio de comunicación local, que no todos los pueblos pueden tener.

Son pocos los soñadores, felizmente, que se atreven a publicar un medio y muy pocos quienes se acercan a colaborar.

Es la dura realidad. Pero es.

De ahí mi saludo y respeto a los directivos de la Casa de la Cultura.

Y seguir adelante, siempre adelante, para bien de los demás.

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