El país, 2025

Congreso

 

 

Según la tradición, se ha ingresado a un nuevo año y se han dado los respectivos saludos, las diferentes promesas y también, como es natural, en el pensante, la idea que este tiempo será mejor.

Sin contemplar que es el mismo tiempo.

Que todo es obra del hombre, y naturalmente, de la mujer. Así lo testimonia la historia tanto nacional como mundial.

En lo que se refiere al país, como ya es sabido de sobra, el tema central que se ha agudizado en estos tiempos es la corrupción y de la misma manera, la inseguridad.

Y en ambos aspectos, no se puede lograr nada favorable. Están presentes problemas que afectan a la población en general.

Pero, lamentablemente o desgraciadamente, todos han quedado relegados, están en otro plano.

De tiempo en tiempo se hace mención a la desnutrición, a la anemia, al analfabetismo, a la pobreza en la lectura; también a la falta de trabajo, a la partida de jóvenes -sin esperanza local- a otras partes del mundo en búsqueda de mejoría.

De la misma manera, a la salud, en los servicios públicos, a la carencia de medicinas y citas con tan larga espera, la falta de profesionales especializados en determinadas áreas. Y tantas otras cosas que resulta ya ocioso mencionar, pues llevan años de años.

Son las diferentes autoridades centrales que no encuentran salidas acordes con la humanidad.

En esta búsqueda de una mejor realidad, es decir, cambiar la existencia por otra más humana, no se cuenta con el apoyo no sólo de autoridades, sino también de la población.

Los medios de comunicación, en su variedad, presentan los diferentes casos de corrupción. Cada vez más asombrosos y comprometen a instituciones denominadas rectores de la existencia de los pueblos o de los países.

Acá se habla de la división de poderes, cada cual con su función y con su responsabilidad ante la ciudadanía.

Lamentablemente, esta división de poderes, se encuentra envuelta en actos nada santos. Hay que  reconocer, las instituciones quedan y las personas pasan. Pero son las personas, con sus actos, las que hacen que las instituciones sufran, o tengan credibilidad ante la población. No se respeten. 

Recuerdo, antes se ingresaba a las oficinas del Congreso, con facilidad, no había la seguridad, la prohibición de ahora. Se buscaba al parlamentario, gran señor, y se conversaba de lo más normal. 

Se cruzaba la plaza con calma, con tranquilidad.

Ahora no se puede pasar.  Hay más que mucha seguridad,

¿Y por qué se ha llegado a esta dolorosa situación? ¡Vaya uno a saber! 

¿Qué decir de la autoridad que dirigía al país? Respeto y más respeto.

La autoridad tenía otra visión, se hacía respetar por sus actos, por su conducta. No hay que olvidar, la conducta es fundamental en la marcha de los pueblos.

Los dirigentes tienen que ganarse el respeto, el aprecio de los habitantes. Y esto se logra por la manera de dirigir la organización, desde la más pequeña hasta la mayor, la más trascendente.

Hay tantas cosas que mencionar y reflexionar, a veces suele repetir y repetir. Pero hay que hacerlo.

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