En el recuerdo

 

No se puede desconocer que todo se transforma, todo cambia, que nada permanece como en sus inicios, esto se viene repitiendo desde hace más que muchos años.

Se toma como verdades absolutas, a pesar que se dice que no hay tales.

Ya lo he dicho, los pueblos, de la misma manera, están sometidos a este cambio ineludible.

Los cambios, los realizan, naturalmente, las personas, quienes viven en esos lugares.

En la actualidad a los cambios se les llama progreso.

Se dice que en un pueblo que no hay edificios de varios o de muchos pisos, que se mantiene con viviendas de un piso, de un fondo amplio y con movilidad escasa o disminuida, que no cuenta con servicios de agua, alcantarillado o luz eléctrica, ‘se ha quedado’, no ha progresado.

Y para muchos es el caso del recordado humano puerto. No se presentan edificios muy altos, los servicios básicos, como los antes mencionados, no están presentes en la totalidad de hogares; el transporte deja mucho que esperar.

Las autoridades, poco o nada hacen por superar las dificultades, de la misma manera los habitantes.

Lo que sí, muy lamentablemente, está presente y está creciendo, como en las grandes ciudades, las diferentes modalidades de delincuencia.  Delincuencia en su variedad que afecta al país en general y no hay manera de ponerle coto.

Se dice y escribe muchas cosas sobre lo que comento.

En este su diario de la mañana, leo lo que pasa en los pueblos de la provincia de Pacasmayo. Igual que por acá, muertes casi a diario, extorsiones, explosiones en viviendas para amedrentar a las personas, por mencionar algunos desajustes sociales. 

La autoridad no puede hacer nada, se limita con darse por enterada.

O capaz algunas detenciones de dirigentes de las conocidas como bandas criminales.

Frente a lo que comento y más incomodidades, surge el recuerdo del Puerto Humano.

Pocos habitantes, viviendas silenciosas y humanas, muy humanas. Reinaba la pobreza, pero había paz y se caminaba con esperanza.

El mar siempre apoyando, apoyando, de una u otra manera.

Entre caminantes se saludaban, los buenos días, las tardes o las buenas noches.

El policía representaba seguridad, confianza, daba la mano y se lo apreciaba.

En las escuelas, el profesor, como siempre, mal pagado, mal tratado, pero lo importante, respetado y querido. Siempre presentable. Hace poco escuchaba a dos viejas maestras, con mucho respeto, en una cola, mencionaban como iban vestidos los maestros y maestras, la presentación. Comparaban con la actualidad. Renegaban, renegaban.

No hay que olvidar, el Viejo, con mucho respeto, vive siempre regresando al ayer. Es lo normal. En mis tiempos, en mis tiempos; repiten y comparan y la sociedad actual pierde frente al ayer.

Hoy hay más tecnología, es la diosa.

En Italia están prohibiendo que los alumnos lleven celulares y computadoras al colegio; que los controles se llenen a lápiz o lapicero. Estados Unidos de Norteamérica, va por ese camino, va por ese camino.

Regresan al ayer, a lo que se creía superado. Se está trabajando por acá para regresar a a educación técnica. Tiempos de reflexión.

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