Violencia en el mundo

En la historia de la humanidad han existido hombres y mujeres que se han preocupado porque haya paz, no solo en sus pueblos, en su país, sino en el mundo.

Dieron su vida por defender ideas pacifistas.

Si se quiere, no hay que ir a los años aurorales de la humanidad, regresar a la vista y el pensamiento a los últimos cien años.

La violencia, la muerte, la animalidad, el alejamiento de la razón, de la reflexión, han predominado y, qué desgracia, se imponen.

Los dirigentes de los conocidos como países más fuertes, más desarrollados, que se contemplan como guías o mejor, cómo se quisiera ser, son los que más tragedia y desolación causan.

Unos, con invasiones, con muertes físicas de miles de personas, sin pensar si son niños, mujeres, viejos y viejas, con mucho respeto, que dieron todo de sí en bien de los demás.

No solo de los suyos.

Piensan que pueblo es el mundo y hombres y mujeres, hermanos, semejantes, que se deben respetar y apoyar, si se puede.

Otros, países considerados fuertes, se imponen, vencen al débil, productor de materias primas, por el poder de la economía, la imposición de precios, de tarifas.

Ambas realidades, violencia y muerte física, que se observa en el mundo, que no hay cuándo decir ¡basta! y por otro lado, el predominio del capital, el abuso por la imposición de precios, de sueldos para la mano de obra, son males que no permiten que la humanidad, los ciudadanos, tengan momentos de tranquilidad, de calma.

Menos que sus pueblos progresen, que no haya hambre, niños desnutridos, niños que mueren antes de mirar la luz.

Los últimos acontecimientos que suceden en la actualidad en el oriente, se los está tiñendo de aspectos religiosos.

También se está hablando, sobre el hambre que se impone en el planeta.

Instituciones como Unicef está solicitando al mundo, apoyo, de diferente naturaleza, para los niños desnutridos, que se mueren, es una realidad, de hambre y por falta de atención médica.

Mientras tanto, dirigentes del mundo, miran a otro lado o dicen conmigo no es.

Lo que sucede, violencia y sus consecuencias, para no ir muy lejos, hay que mirar nuestro país, especialmente poner los ojos en el interior, sobre todo ande y selva, y se tiene lo que pasa allá lejos, muy lejos.

Por acá, en mi país, en estos últimos días, se insiste en el predominio de la extrema pobreza, que las personas dejan pasar una comida diaria; que los niños, sí niños, no tienen esperanza de un mañana mejor. Ellos, los niños, no lo saben.

Y qué decir de los adultos mayores, de los ancianos, solo les queda recordar, regresar al ayer, y repetir “en mis tiempos”.

Es el mundo, es la vida.

Los dirigentes, cada vez más egoístas, más soberbios, se consideran poderosos, muy poderosos.

Otros miran sobre el hombro, se consideran superiores porque cuentan con “Don Dinero, Poderoso Caballero”

Pero olvidan o no quieren tomar en cuenta, que los “días se agotan como los días del jornalero”.

Violencia en el mundo y también mi país.

Ambas dolorosas, muy dolorosas

Y lo más grave, no hay solución.

A lo lejos nada se divisa.

Sólo hambre y falta de humanidad.


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