Palabra empeñada

Los viejos, con respeto, dan mucha seriedad a la palabra, a lo que ofrecía, esto es, la palabra empeñada.

Lo acordado verbalmente se sellaba con un estrechón de manos, muy seriamente.

Siempre estaba presente en el diario vivir, lo que se ofreció, a lo que se comprometió y era imperativo moral hacer realidad.

De la misma manera, el respeto por el apellido, no se podía jugar con el apellido.

Desde niño o niña, se enseñaba que se tenía que dar mucha importancia al apellido. Mucha.

Los tiempos han cambiado y seguirán cambiando.

Se dice que para bien, pero también para mal.

En mi época de escolar, 237, había un respeto tremendo por la madre, no se la podía mentar.

Si algo sucedía, estaba la palabra: “chócala para la salida” y, abajo, en la playa estaba el duelo.

Nadie reclamaba, ni se quejaba. Se soportaba y nunca más se volvía a mentar la madre.

Se repite, los tiempos cambian.

Se ha perdido el significado de la palabra empeñada, no se la respeta.

Se repite o insulta a la madre, como un saludo, nadie reclama, salta la carcajada.

Y así no es.

Como dice el tango, “hombres, los de mis tiempos”

Traigo a cuento lo anterior a raíz de haber terminado ya el proceso electoral.

Se han reconocido a las nuevas autoridades, ingresarán a ocupar sus cargos, a inicios del próximo año 2023.

Como se decía antiguamente , “Ahora, agárrate Catalina”, pues los ya alcaldes, gobernadores y demás autoridades no pueden repetir, “ Se ofreció en campaña” , “Hoy es otra cosa”

Vuelvo, la palabra empeñada, la palabra que merece más respeto que la misma vida.

Ahí están los gauchos, argentinos, los pamperos, los arrieros, se batían a duelo, pero duelo a muerte, cuando se fallaba, cuando la palabra quedaba en el vacío.

El señor gobernador y su equipo, de la misma manera, el señor alcalde y su equipo, tienen el imperativo moral de hacer realidad lo prometido antes de ser elegidos.

Asumir el rol que en realidad corresponde a todo hombre o mujer de bien.

Estoy leyendo lo que ofrece, antes de hacerse cargo de la alcaldía el señor Guanilo, ofrecimientos muy serios, importantes, que merecen todo el respaldo.

Es una gran verdad, el puerto, mi puerto, ha sido maltratado por las diferentes autoridades.

Se olvidaron de la palabra comprometida.

Ahí están las incomodidades que llevan más de años esperando una solución. Y nada.

Alcalde sale y entra, sale y entra, y ninguno, “ se amarra bien los pantalones” y pone a caminar la ciudad, como se merece un puerto que tiene mucha y hermosa historia.

Disciplina, constancia, esfuerzo, entrega, falta mucho.

No pensar en Yo, sino en todos.

Ojalá, ojalá, la palabra empeñada por las próximas autoridades, se tornen en realidad.

Que los ciudadanos de ahora y los que vendrán, se vean representados por quienes dijeron una cosa y la plasman en realidad.

Que todo sea en recuerdo de quienes dieron vida años al legendario puerto.

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