La acequia hoy canalizada
En verdad, estoy lejos del puerto, no se puede viajar por el ya contradictorio virus que viene, a pesar que se diga que no, quebrando a la población y pasándola a la otra orilla.
Pero, felizmente, está su diario de la mañana, y se puede saber qué pasa en el legendario puerto y en los pueblos vecinos.
En estos días mucho se está hablando del denominado La Greda, que ya, seguramente, tiene una recargada población.
Ya no está hace muchos años, el tren, menos el vagón, y ahora hace mucha falta.
En estos tiempos, de regreso al ayer, otra vez se está pensando en que las vías ferroviarias, deben estar activas, en ciertos lugares, conectar y conectar.
Recordemos, está el legendario “Puente de Fierro” , pero ya no cumple ninguna función y por esos tiempos pasaba el tren y el agua corría debajo.
Entre durmiente y durmiente, podía pasar una persona, sobre todo menor, uno corría y si tenía “mala suerte”, caía, si había agua, lo arrastraba y se luchaba para ponerse de pie, y si no había, te rompías en las piedras, la cabeza o te golpeabas fuerte y no llorabas, porque se reían y se burlaban tus compañeros.
La zona en que se desplegaba la acequia, era verdor, no había casas.
Cuando llegabas a La Greda, en lo alto, abajo estaba el agua, había pozos no tan profundos, te lanzabas y seguía otro compañero, y así hasta cansarte.
El agua se desplazaba al mar, cerca al muelle, donde se confundía con el agua marina.
Cuando pasaba la acequia, a la altura de la calle Adolfo King, había un tubo de metal, a modo de puente, y era una gran aventura cruzar el tubo de metal.
Se entiende, había que saber nadar, por si acaso.
Y el agua, cuando estaba “cargada” la acequia, no respetaba, tenías que saber lo que hacías.
Como ahora, al llegar al mar, se formaban pozos y, cuando había poca agua, se presentaba mal oliente.
Se canalizó.
Pero han quedado, a lo largo, espacios libres, y la población, como siempre, aprovecha para lanzar desechos. Como es natural, hay “atracones” y se desborda.
Ya en años pasados, fue tanto el daño, que el agua rebasó y llegó a lugares como el Mercado Central.
Cómo lograr que los ciudadanos no arrojen desperdicios, ni basura a la acequia.
Se dice que no pasa el camión o de cuando en cuando.
También se busca lo más fácil.
Y esto hay que evitar.
Ahora, donde termina la acequia y se confunde con el agua marina, también no es nada agradable.
Por un lado, las autoridades locales tienen mucho que hacer; y por otro, de la misma manera, la población debe colaborar. Así como se está destruyendo el Parque de la Amistad, hay abandono, desidia, igual está pasando con la acequia.
Puede ser, la actual administración ya termina, y que vengan nuevas autoridades para ver qué hacer.
Así no es.
Las presentes autoridades, hasta el último día de su mandato, tienen que cumplir con lo que la población le encargó.
No hay que tirar la esponja.
La población que los eligió merece respeto.
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