Delincuencia, Pan de Cada Día




En verdad, cada día asombra más, las acciones delincuenciales que se presentan en el otrora pacífico puerto.

Por este su diario de la mañana, me entero de los actos delincuenciales cada vez más, no sé si llamarlos absurdos, por la manera de presentarse.

El Paseo más histórico, donde los trabajadores, están haciendo tarea que se debe seguir, donde niños, adultos y ancianos, acuden para pasear, observar el mar y llenarse de vida, no falta una mano que rompe la calma.

Sólo hay gritos de impotencia.

Que a una madre embarazada le “arranchen” el celular, ya no tiene nombre.

A una jubilada, que recoge su pobrísima pensión, la sigan y la maltraten para quitarle el poco dinero que cobra para su sustento, no tiene denominación.

Adultos mayores o damas que se acercan a una oficina bancaria para recabar lo que les pertenece, se hacen presente individuos de mal vivir y los empujen

o los arrastren por el dinero que acaba de recoger, en verdad, creo, no merecen estar de pie.

Se dirá que no hay trabajo, que hay hambre.

Muchas otras cosas se dirán.

Algo positivo a estas personas, se las envíe a trabajar, en obras públicas, en reparaciones de vías.

Ganan su dinero y pagan su alimentación.

Hoy los detenidos, ya no quieren salir, pues tienen luz, casa, comida; les falta propina.

Seria contradicción.

Hace unos días sucede en San Pedro de Lloc, algo que da vómito, repugna.

Las religiosas de la Orden Agustinas Servidoras del Señor, entre otras actividades de bien, inauguraron un comedor para personas sin recursos.

Algo muy loable.

Hay que mencionar las diferentes acciones que realizan los religiosos en estos días de pandemia, para conseguir plantas de oxígeno, aparte de contribuir con las personas que activan las conocidas como ollas comunes.

Alimentan a cientos de personas necesitadas.

Los delincuentes violentaron la chapa del local, del comedor popular, pero, felizmente no lograron su cometido.

Si hubiesen ingresado, se llevaban todo lo que había en el comedor.

Y los mayores, los sin familia, sin hogar, no tendrían dónde alimentarse.

No entiendo cómo se degrada tanto a un joven o un adulto.

Se dice que es la droga, que son más de las veces, “fumones”

Que no están en sí.

Puede que sea. Se intenta justificar. Pero, pero…

Repito, el hogar, el hogar; la escuela, la escuela, los medios de comunicación.

Recuerdo, cuando llegó la televisión, se perdió mucho en la esperanza del mañana.

Cuando llega la última tecnología, internet, mejor guardo silencio.

Los muchachos ya no leen, ya no hacen tareas.

Todo está en la “maquinita”. Otra vez silencio.

Y en el puerto, la delincuencia es pan de cada día.

Duele mucho.

En mis tiempos, en mis tiempos, se robaban gallinas. Nada más.

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