Silencio en la Sociedad de Consumo



Desde los lejanos tiempos griegos, los pensadores han manifestado que, damas y caballeros, el hombre es un ser social por naturaleza; que no puede vivir en soledad, aislado del grupo. Que sólo Dios o los locos pueden estar solos.

Sin embargo, en estos últimos tiempos, como marcha la sociedad, donde prima el consumo, se insiste sobre su importancia, de diferentes maneras, se presenta el predominio de fenómeno de la sociedad.

Para llegar a este silencio en esta sociedad de consumo, se impone la tecnología.

La comunicación humana se pierde, importa más ‘‘comunicarse’’ mediante la tecnología. Día a día se emplea más lo mecánico, hay más alejamiento del próximo, del más cercano, el semejante.

Es más, hay pérdida de la personalidad. Desde pequeños. Pregunto al niño de diez años, qué prefiere, ir al cafetín, sentarse y esperar que lo atienda y luego hacer el pedido, previo normas de conducta, de comportamiento. O prefiere ir a la ‘‘máquina’’, introducir la moneda y esperar que le retorne el pedido. Me responde, ‘‘la máquina’’; y ¿Por qué? Es más rápida, no pierde tiempo. Así de sencillo. Ya no interesa el contacto humano. Se impone la frialdad de la máquina.

Las relaciones humanas están en retirada.

Igual sucede con los enamorados, se encuentran en la misma mesa y cada uno con su ‘‘aparatito’’ y se declaran amantes. Están uno frente a otro, pero no pueden hablar, manifestar lo que sienten. Doble locura.

En las sociedades tremendamente industrializadas, se impone el silencio casi total entre personas. Narro un caso real, sucede en el país de la tercera economía mundial. Hay un nuevo grupo humano, denominado ‘‘Hikikomori’’.

Informa, la prensa nipona, ‘‘Los hikikomoris son adultos que se encierran en los hogares de sus padres u otros parientes durante seis meses o más, a menudo confinados en una sola habitación. No trabajan y rara vez interactúan con el mundo exterior. No pueden sostener relaciones interpersonales, ni siquiera con los parientes que cuidan de ellos. Algunos han vivido en este estado durante años o décadas’’. Se hace referencia a que hay entre un millón y dos millones de personas en esta situación.

Naturalmente, sociólogos, investigadores, docentes, psiquiatras, entre otros profesionales, se encuentran trabajando para ver qué hacer. Aparte de las autoridades.

Silencio que también está llegando a las sociedades denominadas ‘‘ en vías de desarrollo’’. No se hace presente como los casos narrados, sí ingresa en el pobre lenguaje, en las respuestas centradas en monosílabos. No se puede mantener una conversación fluida.

Responsables, hay que investigar, buscarlos y luego guardar silencio, pues la palabra, el diálogo, la exposición, entre otras características de la persona humana, ya se encuentran en retirada. Se está ingresando a la sociedad del absurdo. Lo que es grave, muy grave.

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