Poco a Poco, Va Muriendo
Tanto se hizo, tanta tinta en el Diario, tantas voces se levantaron, algunas personas se unieron y buscaron salidas para que no muriera. Pero nada se puede hacer cuando la naturaleza fija una ruta.
Las autoridades, las de ahora, tanto ofrecieron, con tanto se comprometieron, más tarde se hizo el silencio y el avestruz, otra vez, sin mirar lo que sucedía a su alrededor.
El hombre, orgulloso, soberbio, falso y más de las veces sólo busca su interés, figuración, demostrar que puede, cuando se encuentra en un cargo dirigente se olvida lo que manifestó antes.
Como dijo un político, "se ofreció en campaña"; es decir para llegar al poder todo se ofrece; como dice el refrán, "el oro y el moro", más tarde, todo es diferente.
Sin embargo, la naturaleza también tiene sus juegos y trata de ganarle al bípedo y siempre le gana.
Cuando la madre natura se pone furiosa por tanta falsedad, nadie la puede contener, viene el llanto, las oraciones, el "arrepentimiento", entre comillas, porque después se olvida; el arrodillarse y pedir a su dios, sí, pedir.
El prepotente se da cuenta que nada puede ante el desborde los ríos, ante la olas que van más allá de los tres metros o capaz cinco.
Y sufre.
Lo levantado cae y otra vez cae hasta quedar en nada.
Así lo señala la historia.
Pero no se quiere entender, o mejor, no se revisan las páginas de los viejos libros. ¿para qué?
Ese día, la radio, la televisión, más tarde la prensa escrita, daban cuenta de lo que sucedía en el puerto, el antes humano puerto de Pacasmayo.
La naturaleza se enfurecía y se llevó parte de la obra realizada por hombres que ya no están, viajaron a la otra orilla.
Recordaba los días que había estado en el final del muelle, donde tenían su "rincón" los pelícanos, nadie los molestaba, comían se estiraban, dormían y otra vez empezaban a desplazarse con sus amplias alas y sus picos alargados y su buche lleno de pecesillos.
Los pocos pescadores se movilizaban, otros estaban sentados en la larga banca que, felizmente, queda con la caseta.
Fue una mañana, larga mañana.
Ahora que todo se ha perdido, pues lo poco que queda se puede perder por el interés de los responsables, de las autoridades y de los mismos pobladores.
Cuando me enteré que se robaban los fierros que apuntaba en algo o los travesaños, yo dije que, seguramente, no eran pacasmayinos. Pues, hombres y mujeres del puerto no destruyen lo que les sirve para sustento, lo que da prestancia. Dije que eran personas de fuera. Ahora, ¿qué espera?
No hay que olvidar, cuando sucede el hecho, es noticia a todo nivel, pero conforme pasa el tiempo, vienen otras noticias más importantes que aplastan y poco a poco se olvida la anterior y va quedando en el silencio.
Es la ley de la vida.
Mientras tanto, solo queda revisar viejos libros y encontrar fotografías en blanco y negro de los que fue el muelle y el puerto que tenía un nivel, era Puerto Mayor y se movía mercadería de diferente naturaleza.
También llegaban pasajeros de otros lugares para estar algunos días.
Eran otros tiempos.
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