De la Carencia de Afecto

En nota pasada compartí la dura realidad que se presenta en Japón, y que afecta a los países altamente desarrollados.

Se dice que es porque hay facilidades para disponer de lo que ofrece la tecnología; hay suficiente capacidad económica.

En esos países la prensa informa cómo la violencia se impone y los muchachos ya están haciendo daño a sus semejantes.

Los hogares, de la misma manera, se encuentran quebrados. Así como el exceso afecta, igual la carencia.

Juventudes perdidas en el mundo de las drogas y sin esperanza de algo.

Aparte de hogares quebrados, los mayores trabajan más de la cuenta para poder acercarse al mundo de la tecnología con más facilidad.

Abandonan la cercanía con los suyos. El mundo de los adultos mayores, es una realidad que golpea tremendamente. Predominan los asilos, los "hogares" de mayores y otras instituciones que "reciben" a quienes ya no tienen dónde pasar sus últimos días.

Es una sangrante realidad.

Cuando se lee informaciones que vienen de otras partes del mundo, ya no se sabe cómo reaccionar.

Lo que sucede en Oriente.

La lucha eterna entre judíos y palestinos.

Por allá hay otros puntos de vista de la misma existencia, de lo que significa lo efectivo.

Pero para qué ir tan lejos.

Hay que fijarse en nuestra realidad, o mejor, más cerca, lo que acontece en mi hogar, en mi escuela o en mi barrio. Y se encuentra, de la misma manera, hechos contradictorios, asombrosos; ya no sólo de viejo olvidados, abandonados.

La casa del Adulto Mayor, en el humano puerto de Pacasmayo, hace algo, trata de ser comprendida, pero no siempre lo logra.

Los pequeños de la calle, buscando dónde reposar, dónde poner su humanidad maltratada.

Y así, el puerto ve pasar rostros, de niños y niñas, de viejos y viejas, sin esperanza, sin salida.

Ya no hambrientos de afecto, sino de razón para seguir viviendo, respirando o masticando.

Los adultos, damas y caballeros, más de las veces indiferentes a este tránsito.

Las autoridades, mejor no hay que hablar de ellas.

Se encuentran tan "ocupadas" que no tienen tiempo para ofrecer tranquilidad, paz a quienes buscan una mano que les apoye.

Cuando se revisa la vida de mujeres y hombres que han dejado huella en la humanidad, predomina en ellos el entregar afecto, comprensión y la solidaridad.

Son mujeres y hombres hechos de otra madera, de otra levadura. Mientras tanto, la humanidad, en los grandes pueblos como en los pequeños, se desplaza hambrienta de afecto.

Se impone la muerte y la violencia.

Ahora, hay que preguntar qué se hace en los colegios porque el afecto no muera y qué hacen los medios de comunicación.

Sólo se informa de violencia y de sangre.

Hace falta mirar más allá del entorno, mirarse hacia adentro y salir reconfortado, con fuerzas y voluntad para seguir dando la mano y orientando hasta donde se pueda.