Pacasmayo, tragedia

Hay que reconocer, guste o no, la naturaleza tiene sus propias normas, reglas, maneras suyas de “hacer las cosas” y más de las veces, o mejor, siempre, “chocan” con lo que realiza el hombre, el pensante.

Se denomina Fenómenos Naturales a la naturaleza cuando se manifiesta, se hace presente, sea por largos períodos o por instantes.

Pero al hacerse presente, quiebra lo que realiza el pensante.

Se aparta de su quehacer. Y el débil pensante no sabe qué hacer o cómo limitar la fuerza natural.

Se repite hasta el cansancio, la vía por la cual “camina” el agua, nunca la deja, sea por años o cuando parece que ya no hay.

Y lo que está pasando en el norte, especialmente en Tumbes, Piura, Lambayeque, no hay cuándo termine.

Y para no ir tan lejos, lo que ha sucedido en el puerto, con los días y noches de lluvia, ha hecho mucho daño, especialmente, como siempre, a los más humildes, a los hoy denominados asentamientos humanos.

Hay que reconocer que, en los diferentes lugares del país, día a día crecen los cinturones que rodean a la zona principal o central; personas que vienen de otras zonas, alejadas, y llegan en busca de mejoría, de superación.

Y no les queda más que asentarse en lugares alejados de la ciudad, los que se llaman cinturones.

Se carece de lo más necesario, especialmente agua y servicios vitales para llevar una existencia humana.

Por más que pase el tiempo, los asentamientos humanos, no logran salir adelante, pues no cuentan con el respaldo de las autoridades del lugar.

Las lluvias, de día y de noche, han maltratado al puerto, a la ciudad respetable.

Los paseos públicos, los lugares tradicionales, zonas de descanso, de recreación, han quedado muy golpeados.

Por más seguridad que se colocó para que las aguas no ingresaran a las casas, no se pudo contener.

Por otra parte, las antiguas casonas, hechas a base de adobe o caña, con techo de caña y barro, fueron destruídas, sea total o parcial.

Los primeros en sufrir, fueron los techos, todo al suelo.

Ahora, para reparar, para levantar.

Una tragedia.

Como siempre, el abuso.

Los materiales que se requieren para cubrir el daño, se ponen por las nubes, la mano de obra, los humildes albañiles, de la misma manera, aprovecharon de la necesidad, subieron su costo.

Es más, los vuelos en avión, subieron los precios.

Ya se sabe, dicen las viejas palabras, a río revuelto, ganancia de pescadores.

Y esto es lo que todavía pasa en el puerto.

Ahora, qué hacer con el tan mencionado edificio olvidado del Correo Central.

A la mala, que se derrumbe todo, y se levante un “monstruo” de varios pisos.

Unos ganan y la historia, el recuerdo, pierde.

Para qué vivir del recuerdo y de edificios viejos que en nada “contribuyen” con el progreso, fuera de comillas.

Mientras tanto la Casona de Grau y de Junín siguen cayéndose, poco a poco.

De nada sirve, mejor que desaparezca.

Con lluvia o sin lluvia.

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