De la responsabilidad de los alcaldes

Hay que reconocer que los pueblos, para su mejor marcha, requieren de autoridad, que se cumplan las normas, que los habitantes comprendan que todo es para bien de la población.

Así como se sostiene que de un buen hogar, de buenos padres, los hijos marchan por buenas sendas, de la misma manera, de buenas autoridades la población se siente contenta y la ciudad ofrece atracción.

Para ello, es de suma trascendencia la labor del señor alcalde y del grupo de personas que lo acompañan.

Naturalmente, las demás instituciones, sean deportivas, de carácter social o cultural, económica, educativa, etc., tienen que trabajar, con miras a la superación y para bien de sus asociados, que, a la larga, redunda en la colectividad en general.

Cuando digo que el señor alcalde y quienes lo acompañan tienen que ver directamente con el buen desarrollo de la ciudad, es porque ellos son los primeros servidores del lugar en que se encuentren.

Cuando se observan ciudades limpias, con orden en el tráfico, con mucho verde; los habitantes acatan las normas, las más elementales, respetar al semáforo, la velocidad y sobre todo, ver en el próximo, el más cercano, así mismo, es porque las autoridades cumplen su rol dentro de lo humanamente posible.

Pero cuando se lee en los diarios, en este caso, el local que ya lleva varias década dando a conocer lo que sucede, que los alcaldes son enjuiciados, llevados a confrontaciones o que hacen lo indecible para "demostrar" que son "inocentes", en realidad, duele hondo.

Se repite, en todas partes se cuecen habas.

Pero, creo, que no se debe reflexionar de esta manera. Por el contrario, debe aflorar la dignidad humana, el rico mundo valorativo y las enseñanzas de los mayores.

Repito, también tienen mucho que hacer los ciudadanos.

Que no se repita el doloroso, "estamos en el Perú".

Ahora que la mar se ha incomodado y ha destruido los adornos que a modo de defensa se encontraban en el malecón, los vecinos del lugar, de una u otra manera, tienen el imperativo moral de dar la mano y no esperar que la autoridad lo realice.

De la misma manera, respetando, repito, la higiene, los lugares públicos.

Pues, se sabe, lo que hacen los mayores sirve de modelo para la esperanza del mañana.

Y aquí la misma anotación de hace un buen tiempo.

Es verdad, estos días son calurosos. Pero de ahí a estar tomando cerveza en el hermoso paseo público que lleva el nombre ante quien debemos rendirnos por su profunda humanidad, no sólo merece censura, sino cuestionamiento y hasta una sanción.

Si estuviéramos en un país asiático quienes se encontraban bebiendo en el malecón, estarían en la cárcel, aparte de pagar una sanción económica.

Que no se repita el doloroso, "estamos en el Perú".

Los habitantes tienen mucho que hacer por el ornato de los pueblos, apoyar a las autoridades y ser responsables con las ordenanzas que se dan para bien de la ciudad.

Es tiempo de saber vivir, de comportarse como persona.

Dejar de lado, superar, lo que se viene arrastrando desde los tiempos del paleolítico.

Hay que trabajar y respetar a las autoridades, y éstas dar ejemplo de querer a la ciudad y a sus habitantes.

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