¿Qué está pasando?
Los medios de comunicación, en su variedad, dan a conocer, como se dice, lo movido que está el país.
Movido en el sentido de la quiebra del buen vivir.
Se camina, se parte al campo laboral con inseguridad.
Como se repite, con temor a volver.
Pues la muerte se hace presente en el momento menos esperado y sin que nada se tenga que ver.
La delincuencia en lo que se refiere a las provincias vecinas, cada día toma más fuerza.
Igual por acá, explosiones, extorsiones, cupos, muerte por pago.
Taxistas, bodegas, pequeños comerciantes, motocar, personas muy individuales, colegios y otros, muchos otros, día a día son víctimas de quienes no se miran a sí mismos ni reflexionan sobre lo que significa existir, estar de pie. Son capaces de eliminar al próximo, al semejante.
Sujetos que no saben hacer nada, a no ser matar.
Nunca han ganado el pan con el sudor de su frente, menos saben qué es ser responsable y tener una familia.
Las autoridades locales no saben cómo hacer justicia.
El Gobierno Regional La Libertad, cuya sede y autoridad está en la ciudad de Trujillo, vive alejado de la realidad. No se siente su presencia.
Estuvo por Pacasmayo ofreciendo y ofreciendo cosas, pero la realidad es otra.
También hay el contagio, de lo que pasa por acá, especialmente en lo que se refiere a la autoridad municipal.
Se comprende que cuando una persona se presenta libremente para ser alcalde y logra obtener el puesto, por elecciones, acompañado de un grupo de personas, se entiende, idóneas, con buena voluntad, como ofreció, servir a su pueblo, a sus ciudadanos y lograr y su mejoría para la zona, hay la palabra empeñada, la tan recordada “palabra de caballero”.
Lamentablemente, se llega al poder y se olvida.
No sólo la primera autoridad local, también quienes la acompañan y se comprometieron a velar por su localidad.
Hay olvido e indiferencia.
No entiendo por qué se pierde el sentido de responsabilidad, de trabajar por el bien de los pueblos que confiaron, que creyeron lo que se prometía iba a ser realidad.
Interesa únicamente ser autoridad, gozar, si es la palabra, de los favores que ofrece este título o se sabía antes de, que no se iba a cumplir.
Que lo que se estaba realizando era una farsa bien montada y la futura autoridad y sus socios, se reían en silencio, se reían para sus adentros.
No creo.
No imagino personas, si tal es, puede ser, que miren sólo sus intereses y se burlen del respetable.
Que ya no hay respeto, consideración por el apellido que se lleva.
No hay que olvidar, el padre, no sé si ahora, anteriormente, inculcaba al hijo que hay que respetar, cuidar el apellido.
Que el apellido no puede estar en boca de todos, sobre todo, por haber realizado acciones referidas con la moral, con el buen vivir o participar en acciones nada dignas de una persona.
El apellido siempre estaba de pie y bien cuidado.
Lamentablemente, para mal, los tiempos cambian.
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