Los pastorcitos del Niño

Pastorcitos

 

 

Disculpen, no es mi tema, pero no puedo dejar de emocionarme. Los vi, el viernes 3, por la noche. Eran veinte o treinta, qué importa el número si cantan como bandada de ruiseñores. Son niños, adolescentes, jóvenes, adultos, adultos mayores; generaciones que conservan la tradición pascual de salir con guitarras, flautas, sonajas de chapitas con alambre, tambores, todo lo que haga música y dé alegría en los hogares, que al escucharlos presurosos los invitan a pasar para que “canten a su Niño”.

No conozco si la tradición, que era en todo el Valle Jequetepeque, continúa o se ha perdido. Fue costumbre familiar “armar los nacimientos” y tener las puertas abiertas, esperando visitas hasta largas horas de la noche, en tertulias jocosas con recuerdos, mientras de niños jugábamos sentados en la acera comiendo mangos.

¡Vienen las pastoras!  –gritaron-  A portarse bien, era la orden a nosotros. 

Con gestos y saludos entraban cantando a visitar al Niño, que orgullosas, mi madre, las tías y abuelas, mostraban en la sala más grande de la casa.

Adoración... adoración al niñito Jesús… Era su canto saludo antes de iniciar un bello y tierno repertorio escrito por los miembros del grupo. Nunca pude olvidar uno por original y real: “Niño Manuelito, Niñito por Dios; sino traes el agua se seca el arroz…”. Así entre cantos y besos al recién nacido, sin mirra, ni oro, ni incienso, se despedían hasta el próximo año.

Me cuentan que hace cincuenta años un sacerdote nuevo llegó a Guadalupe: Gerardo Ortega Mejía, que aún vive en la capital desarrollando su vocación cristiana dirigiendo un asilo. Es de los sacerdotes que hacen vida pastoral y no cobran sus oficios con “yape”. Solía cantar solo, con su viejo acordeón, por las calles o plaza Albújar, donde los palomillas y hermanas jugaban y, fue construyendo un grupo numeroso, varios se hicieron seminaristas, novicias y dos llegaron a sacerdotes, otros se reúnen con frecuencia para enviar víveres a su asilo.

Justamente el grupo de pastorcitos que hago referencia fue organizado por él. Lejos estuvo de pensar que ha pasado más de medio siglo y por las calles de Guadalupe siguen cantando sus pupilos; ahora abuelos y algunos se resisten a callar y acompañan al grupo en sillas de ruedas.

En esta navidad, los vi pasear visitando nacimientos sin distinción de lugar. Su amor a la tradición y fe puede más. Iban sonando sus pitos, con flautas y sonajas, guitarra y tambores a una sola voz, por una calle barrosa con lluvia y oscura, cuidando al compañero en silla de ruedas.

¡Que gesto! Tres generaciones y una cuarta en camino salen a cantar y, vestidos de pastores con los reyes magos renacen cada año la tradición, hasta pascua de reyes. Felicitaciones muchachos de siempre, gracias. Qué más les puedo decir.

Voz de

Jaime Deza Rivasplata