Las Madres Diosa

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La mujer es el eje de la evolución en la humanidad. Su maternidad salvó de la extinción a nuestra especie. Tal parece, desde los inicios pre humanos, el concepto de madre diosa evoluciona con el hombre y, es con el Homo Habilis, Erectus, Sapiens, Neandertal, Cromagnon que alcanza un rol divinizado, como mediadora de la vida y la muerte.

En un inicio superó el mayor temor: la mortandad infantil, por falta de alimento para su cría. Ante la ausencia de recursos, responde con leche materna, de ahí que la concepción ideal fueran los senos voluminosos, plenos para la lactancia, con cadera y vientre apropiados para el parto; aunque la asepsia fue una respuesta desconocida.

Tal ansiedad crea las primeras manifestaciones sagradas y los hombres tallan imágenes protectoras de la vida, que la arqueología descubre llamándolas “estatuillas”, “venus”, como la de Willendorf (1908) con veintisiete mil años; pero los Neandertal ya las tallaban hace más de cuarenta mil. Tal parece, fueron imágenes emblemáticas de la perfección femenina (Foto 1).

Con el desarrollo de la economía agrícola, tales conceptos originales trascienden lo humano, aumentando en ellas lo divino, el poder de decidir la vida o la muerte y la misión de traer al mundo a un salvador, miles de años antes que el cristianismo pregone las virtudes y divinidades de María.

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Cada pueblo deificó su diosa del nacimiento y protección de la vida. La madre de los hombres (no del género) pasó de los senos que alimentan al niño, al amparo de su clan y etnia. La mujer en esta sociedad agrícola se ve representada en la expresión más tierna: La madre que protege en su regazo al niño. Ahí aparece Isis la esposa de Osiris velando por Horus en Egipto (foto 2), Arpati esposa de Shiva en la India, Afrodita la diosa griega que enamoró a Pigmalión, Tonantzin la madre morena de los mexicas y su hijo Huitzilopochtli, Tlazoteolt la diosa azteca que da vida y la quita, Kwan Yin la diosa china, Ishtar en la Mesopotamia. En los Andes es Pachamama la madre de todos los seres, quien es la cosmovisión andina misma, la naturaleza viviente, que se ve y se vive en ella.

En los Andes prehispánicos, a diferencia de las religiones monoteístas, que presentan a un dios masculino, que encarna todas las bondades, su religión no buscaba el arrepentimiento sino ayudar a vivir mejor; por ello la diosa andina, Pachamama, tiene un largo proceso en su evolución conceptual y religiosidad, es creadora de todo lo que existe para bien del hombre. En esencia, mantiene sus cualidades divinas y. terrenas.

La más temprana expresión la encontramos en una escultura de arcilla de la cultura Valdivia, Ecuador, hace cuatro mil años (foto 3); en la Venus de Curayacu (San Bartolo, Lima, Perú) y, en otra venus de arcilla sólida, originaria de Faclo (Guadalupe, La Libertad, Perú) propia de la etnia Cupisnique, elaboradas hace tres mil años (foto 4). Ella al igual que todas las expresiones de las diosas en el mundo antiguo tiene en brazos a su niño.

Quinientos años luego, los Vicus nos alcanzan la misma imagen, desde luego con las características propias de su arte en la cerámica de Piura (foto 5), los Lambayeque lo continúan (foto 6). Aún no se registran nuevos descubrimientos al respecto, tal vez luego de cientos de años la madre diosa dejaría el olimpo a los varones y ésta ha evolucionado de su representación en terracota a una concepción cosmogónica.

Siglos después llegarían las divinidades marianas (Virgen La Merced, 1535 a Lima; La Virgen de Guadalupe (“La Chapetona” Guadalupe, 1550, foto 9) que los pacasmayos aceptaron, previa remodelación con los caracteres de sus diosas, aferrados a su religiosidad. La nueva imagen es colocada sobre una media luna con un rostro indígena (foto 12). Se cambió la imagen, pero continúa la concepción ancestral, milenaria, en ósmosis con la católica.

¿Qué razones nos asisten para que esta concepción de la divinidad perdure a través de millones de años? desde que la pequeña Lucy en defensa de su cría cayó de la copa de un árbol hace tres millones de años (En Afar, Etiopía (Australopithecus afarensis). Es que la maternidad no es cultural, la lleva en sus cromosomas femeninos, por eso trasciende las sociedades, los imperios, las iglesias misóginas, las ideologías de raza y lo hará con esa ideología de género que la quiere destruir.

Cuando veneramos las imágenes de nuestra Virgen, que resultan de un proceso afro greco romano cristiano andino, con su niño en brazos, creyentes o no, nos unimos a ellas en meditación; tal vez con la esperanza como lo hizo un neandertal, un egipcio, un indio, Nabucodonosor o un griego, un mexican o un vicus clamando su protección. Es que la maternidad trasciende lo humano, es la divina creación de Dios.


Voz de

Jaime Deza Rivasplata