La voz de la corrupción
Es un personaje flaco que pareciera que todo el tiempo estuviera con una dieta estricta, de cabello greñudo y mal teñido, de un color castaño ya decaído. Lo conocen por el sobrenombre de el Avispón, porque “casualmente” siempre se aparece cerca de los hechos que hacen noticia, o se alimenta de los comentarios de la gente, pero eso sí, todo lo sabe, o todo se lo cuentan.
Lo encontré deambulando por la playa donde también dice tener tentáculos que le envían mensajes a su “central informativa” y se ofreció a darme detalles de esos datos porque quiere que la gente los conozca por ser nada santos. Me dice, “Uy, si supieras hermano toda la corrupción que conozco … ya te la voy a ir contando poco a poco“.
Parece que el mar también estaba ansioso de escuchar los datos de el Avispón porque sus olas fueron menos frecuentes y casi silenciosas. Nos dio todas las comodidades para esta conversación. Avispón se sentó en un morro de arena, me invitó a tomar asiento y comenzó su narrativa.
Pero, antes me lanzó una pregunta, como se dice criollamente, directa al mentón: ¿Qué me puedes decir de la corrupción?, ¿Cómo me la puedes graficar?
Le di a conocer mis puntos de vista, concluyendo que casi todo el país estaba infestado de la corrupción, que se había diseminado por todos, todos lados y que le estaba haciendo un grave daño al país.
El Avispón me miró y con sus manos y gestos con la cabeza asintió mis argumentos. Continuó: Efectivamente hermano, hay una corrupción total y desgraciada en todo el país. ¿Pero sabes?, lo más peligroso es que la gente parece que ya se acostumbró a convivir con toda esta podredumbre de la corrupción, hasta parecería que ya les es normal todo este robo que nos hacen a todos los peruanos. Ya poco nos importa. Imagínate hermano que con insólito cinismo hasta los elegimos como autoridades. Sino, mira los que son actores en estas elecciones presidenciales y congresales. ¡Una desgracia total, para llorar!.
Miró hacia el mar, como dándole las quejas, y continuó: Échale una mirada a las instituciones que conforman el gobierno peruano. ¡Todas! Te digo, todas, están copadas con personajes que se hacen ricos con grandes negociados a costa del dolor y sufrimiento del pueblo, sobre todo, con los más pobres. ¡Ya no les importa nada! Les interesa un pepino la justicia, los órganos de control, que cada vez están más cuestionados. ¿Y qué hacemos nosotros? Nos contentamos con comentar en las redes sociales, eso es todo, ya con eso se cree que se ha cumplido con defendernos de la terrible corrupción. No saben que ese terrible mal está matando nuestras esperanzas, y a las nuevas generaciones les está dejando un país incierto, desordenado y caótico.
Mientras hablaba, el Avispón dibujaba siluetas en la arena mojada y continuaba: Acá nomás en mi playa hacen lo que les da la gana. Se llenan de plata con los negociados de los lotes. Ya te voy a contar todo lo que sé de este lado. ¡Uyuyuy!, si el mar hablara cuánta gente estuviera ya tras las rejas. Pero, algún día llegarán los años verdes, jaja.
Bueno hermano, empecemos desde abajo. ¡De los municipios, ni hablar!.
El Avispón, como un resorte, se puso de pie y tomó mayor impulso en gestos y voz mucho más fuerte de lo que había estado hablando.
Mira -me dijo- escúchame bien. Yo veo todos los días por la televisión y ahora también por las redes sociales los incontables casos de corrupción que propalan de todas las esferas estatales, de los sinvergüenzas de los congresistas, de los ministros, de los grandes funcionarios, de tantas cosas que derivan en la corrupción.
Pero hay que ver desde abajo como esta corrupción también campea libremente sin sobresaltar a nadie en los municipios, que parece no tuvieran ningún tipo de control, remató.
A continuación el Avispón sacó su celular, buscó algo dentro de sus archivos y se acercó aún más para que yo pudiera ver y escuchar algo, y prosiguió: Mira, yo he escuchado la voz de la corrupción y la he logrado atrapar.
Le interrogué: ¿Cómo así Avispón, no te entiendo?
Me contesta: - Para que sepas, la corrupción tiene mil voces, pero yo tengo una muy reciente en una municipalidad para que te enteres cómo operan estos sinvergüenzas.
Enseguida el Avispón dio un clic a un archivo en su desgastado celular y se comenzó a escuchar una grabación. Una voz femenina que decía: “A ver, vamos a ver, cuántos tienes tú… ¡Ahh!, tienes varios pagos pendientes. Bueno, pero primero tú dirás cuánto vas a dejar”. El interlocutor (aparentemente un proveedor que pretende cobrar) le contesta: “Pero el alcalde nos ha dicho que sí hay plata y que nos pague nomás”. La voz femenina le contesta: “Yo no tengo que ver con él. Tú sabes que estamos en contienda política, y conmigo tienes que arreglar, a mí me tienes que dejar la plata...“.
Sorprendido volví a escuchar todo, completo, hasta por tres oportunidades, porque el sol abrasador no dejaba ver las imágenes en ese lugar. Miré fijamente al Avispón y continuamos conversando sobre esta terrible muestra de corrupción.
Él me explicó sobriamente el contexto. Mira, lógicamente que era un proveedor que llegaba a cobrar a esa municipalidad por sus servicios prestados o por sus productos entregados, pero para que le puedan pagar lo que le debían, le estaban obligando a dejar una coima, o sea, tenía que entregar un porcentaje del monto que iba a cobrar. ¡Imagínate! Así trabajan estos delincuentes y nadie dice nada. Encima que inflan los presupuestos, le roban también al proveedor. Esta es una de las tantas que hay para contarte, es una de las voces de la corrupción.
Y el Avispón culminó sentenciando: Aquí la voy a tener esta grabación para el momento oportuno en que se tenga que dar a conocer a la población y se enteren cómo manejan los dineros públicos. Ahh y déjate ver porque tengo muchas cosas más para contarte.

