Arqueólogos y el pueblo que fundó la Virgen Nuestra Señora de Guadalupe

 

Esta es la historia de un pueblo que María la imagen de la Virgen de Guadalupe, de Extremadura, España, fundó con los aborígenes del valle Jequetepeque convertidos al cristianismo.

El año 1560 a 25 años después de fundada la Ciudad de los Reyes: Lima, capital del virreinato del Perú, que comprendía casi dos terceras partes de América del Sur, por aquellos años, don Francisco Pérez de Lezcano, capitán español en pago a sus servicios recibió del rey Carlos V la encomienda de Chérrepe, para la cristianización de los pobladores del valle de los pacasmayos (La Libertad, Perú) que así las nombraban a las etnias locales del río NEC, hoy llamado  Jequetepeque.

Condenado a muerte el capitán imploró a la Virgen de Guadalupe de Extremadura, España, se descubra la verdad y le salve la vida. Tal milagro ocurrió y en gratitud viajó a Extremadura a solicitar con Bula Papal en mano una copia de la virgen extremeña, que recibía visitas de los expedicionarios que partían por el Guadalquivir y Puerto de Palos hacia América.

A ella llegaron en busca de sus bendiciones, los Reyes Católicos Fernando e Isabel, Cristóbal Colón, Francisco Pizarro, Hernán Cortez, Carlos V. Fernando VII, los virreyes y las autoridades virreinales que durante tres siglos venían a América, por ello se le nombra a la Virgen como Madre de la Hispanidad.

Don Francisco recibe copia fiel de la Virgen que fuera tallada en Palestina por San Lucas, en el siglo Primero, santo que conoció a la madre de Cristo, por eso el rostro de esta imagen es el más acertado y verdadero. En consecuencia el rostro de la Imagen que nos llegó al valle es el verdadero rostro de María, tallada de cuerpo entero con vestido de gracia en madera cedro. Fue la primera imagen tallada en bulto que llegó a América, la que nombraban los españoles como la “Perulera” y los pobladores locales como “La Chapetona”.

Los primeros años estuvo colocada en el altar de la venta en Omnep (hoy pueblo de Santa Rosa) creada oficialmente como Tambo Real de Pacasmayo, luego los frailes agustinos construyen con los pobladores locales una iglesia y convento en las faldas del cerro Namul o cerrito de la virgen. Allí recibe a los peregrinos del virreinato que llegaban en romería. El virrey Francisco de Toledo le entrega casi todo el valle para su servicio, solventa la construcción del imponente templo y convento,  cuyas paredes tenían más de 10 metros de alto con material de adobe obtenido de los adobes de cinco edificios mochicas que se levantaban en el lugar.

Este complejo religioso se observaba como el más imponente de los conocidos en el país por entonces. La venerada y visitada imagen de la “Chapetona”,  conservada por los frailes agustinos, vio crecer a sus pies un pueblo en los alrededores del templo y su convento. Dicen las crónicas que era muy hermoso e imponente.

La virgen instalada, recibió de Fernando VII reconocimiento comol Virreina a Perpetuidad y Patrona de la Real Armada Española en América.

El 14 de febrero de 1619 un fuerte terremoto que azotó los pueblos del norte peruano destruyó el templo, inútiles fueron sus gruesas paredes de un metro de ancho con columnas de defensa, su destrucción fue total y cuentan las leyendas que una invasión de arañas completó la tragedia, dirigiéndose los sobrevivientes con la imagen al lugar donde se encuentra actualmente el santuario.

El pueblo de la Virgen de Guadalupe, que así lo llamaban, quedó en ruinas y con el tiempo se fue cubriendo, quedando visible solo unas amplias y elevadas paredes de adobe del templo y convento y casas solariegas que se levantaron a orillas de una laguna de agua cristalina por filtración.

Hace 4 años un equipo de arqueólogos dirigidos por Alicia Espinosa (Universidad París) y Jefrin Ascencio Falla (Univ. Toribio Rodríguez de Mendoza)  inician su estudio y con ellos cuatro profesionales de otras universidades extranjeras  y más de cien jóvenes estudiantes de las universidades de Trujillo, Lambayeque, San Marcos, Pontificia Universidad Católica, Pedro Ruiz Gallo, Colombia, México, elaboran sus tesis profesionales y publican sus investigaciones.

Ahí se descubre el templo cuya entrada mira al Este y al cerrito de la Virgen, el altar mayor y sus gradas de acceso, las huellas del púlpito, la sala bautismal con las bases de la pila donde los nuevos cristianos recibían el sacramento. Es decir, renace en el imaginario documentado la grandeza de una gesta mariana, que es el origen de generaciones mestizas.

Como hijo de esta tierra agradezco a estos profesionales, que sin ser del lugar y tal vez desconocidos, con sandalias franciscanas nos están enseñando lo que debemos conocer.

 

Voz de

Jaime Deza Rivasplata