En el Día de la Madre

Una interrogante que se plantea la Antropología Filosófica, con respecto al desarrollo del HOMO, como creador de cultura, es: En qué momento de su evolución es humano; porque sin esta respuesta no se podría opinar en qué momento, como homínido, le nace la idea de un dios, germen de las religiones futuras. A partir de la cual se han creado dos mil hasta la actualidad, todas reclamándose verdaderas.

Una siguiente interrogante, es: Cuáles son las primeras expresiones visuales de la abstracción de dioses étnicos, cuyas raíces no tienen relación con el génesis judaico. Al descubrir una tumba del Neanderthal (cien mil años a.p.) cuyo esqueleto descansaba en un fondo de pétalos, se infiere ideas de una vida espiritual que lo distancia de la conducta instintiva de sobre vivencia, que lo emparienta a los animales.

Se suele opinar que los primeros dioses fueron animales con fuertes atributos ajenos al hombre, o fenómenos naturales (rayos, lagos), supuestos que no tienen base o documento probatorio, simplemente elucubraciones etnocentristas europeas.

El hecho es que los primeros documentos universales, que nos hablan de conceptos sagrados, se asientan sobre el género femenino, y de éste, en la maternidad. El papel de la hembra humana era fundamental para la existencia de la banda paleolítica y de la animal para el desarrollo de la fauna. Ambas no sólo dan vida, sino también protegen las crías y les enseñan a sobrevivir en la jungla, en la puna o en el desierto.

Tal vez no relacionaban espermatozoides con óvulos fecundantes; pero observaron que algo estaba ocurriendo en las hembras del grupo y la fauna. Ellas no sólo traían a los seres, alimentaban y mantienen la unidad de la banda. En consecuencia, como dadoras de vida, estaban muy lejos de ser miembros de segunda en el grupo, como la antropología novelada las presenta.

Tal función les dio estatus diferente o superior, desarrollando conceptos que se abstraen y explican en íconos de maternidad, los que van cambiando a medida que la sociedad evoluciona. Las más tempranas: la dama de Brassempouy  (1893), de la cueva de Grimaldi (1897) y hace cuarenta mil años a orillas del Danubio, Austria, la Venus de Willendorf . Se han hallado más de dos centenares de estatuillas, desde los Pirineos hasta las llanuras siberianas del lago Baikal. Estatuillas femeninas de hueso, asta, marfil de mamut, piedra, terracota, de diferentes tamaños desde 4 hasta 25 centímetros, que constituyen la principal categoría de arte mueble del paleolítico. 

No son representaciones de señoras o una diosa específica. Es un concepto, una abstracción hecha diosa de la maternidad, que se expresa en atributos necesarios para la procreación: Senos, glúteos, vientre, vagina, en primer plano grandes; contrariamente los brazos, piernas y pies pequeños, desproporcionados, que resaltan lo vital: El nacimiento y alimento de la nueva cría. No serían diosas milagreras, pero sí el concepto sacro, original de la maternidad.

Es que la maternidad, trascendió la función natural, se elevó a lo divino y perdura por miles de años hasta la actualidad. Los griegos propusieron a occidente los dioses varones con Zeus y los mitos se multiplicaron. El judaísmo las puso en segundo plano con su dios asexuado. En la vida cotidiana de la agricultura y propiedad cedió lugar a los varones y los dioses también cambiaron de género.

Han pasado miles de años, las formaciones sociales se sucedieron desde una comunidad primitiva hasta la actualidad; no obstante, el concepto icónico, original, trasciende y perdura su esencia en todas las culturas, gobiernos  y tiempos. Desde Willendorf en el Danubio a Isis en Egipto, la diosa azteca Coatlaxopeuh de Tepeyac, México, Lilith oriental, en los Andes, en el Renacimiento, el barroco y el rococó y su expansión americana y en la Escuela Cusqueña está el pincel o cincel de la maternidad.

En miles de años los valores han cambiado, la maternidad NO. Su idea creadora de vida,  divinizada tal cual original, talvez ya estuvo desde hace tres millones de años con Lucy en las praderas  africanas y, trascendió los clanes y las tribus, los guetos de esclavos, los ricos y los pobres, tiranos y oprimidos, hasta la actualidad. Donde la Madre está, se encuentra la humanidad, ya expresada en íconos como las estatuillas de glúteos grandes o la dama con su niño lactante en brazos; es decir la vida, la esperanza. Me nace la pregunta: No sé si Dios la hizo o también ella, hizo a Dios.

Voz de

Jaime Deza Rivasplata