Gracias Padre Javier Sampén

JAVIER SAMPEN

Aún recuerdo el ingreso de su espigada figura, con una sonrisa que llamaba a la inspiración de confianza, y que traspasando el ancho umbral hacia el corazón mismo del templo, en una misa dominical se presentaba ante la feligresía católica de San Pedro de Lloc como el nuevo párroco de la Parroquia San Pedro, y lo hacía de la mano de su antecesor el padre Juan Carlos Membrillo, quien le estaba cediendo la posta como pastor del rebaño de la ciudad capital y sus sectores, asentamientos humanos y centros poblados.

Transcurría como en esta oportunidad el tercer mes del año. Marzo de hace cinco años creo ya, que el joven sacerdote Javier Eduardo Sampén Zúñiga asumía el gran reto de conducir al pueblo católico de esta Parroquia. Hay que reconocer que la organización parroquial estaba en ascenso y compenetrado con la modernidad de las redes sociales. Pero bastó que padre Javier empiece a celebrar las primeras misas y con ello las reflexiones en las homilías para que los que seguían por internet estas misas se decidan a concurrir más seguido al templo, y por referencias, los que no tenían ninguna de estas dos opciones, comiencen a escuchar por lo menos por el celular la celebración eucarística.

Rápidamente padre Javier fue identificado por su buena prédica, alineada y contrastada con lo humano, con las complicaciones sociales, con casos de la vida real de nuestra comunidad, enfocando los múltiples problemas que atacaban a nuestra sociedad. Muchas veces fue duro en su sana crítica con la finalidad de hacer ver y entender que se estaba por el camino equivocado. No solo defendía a su rebaño católico sino que abogaba por la población en general. Se considera que una de las fortalezas que tiene el padre Javier es su, muchas veces, encendida prédica, que ni los dormilones se les escapaba. Todos estaban atentos.

Se compenetró muy bien con el pensamiento juvenil y con los jóvenes de edad senil. Profundizó su labor evangélica en lugares que estaban sin mayor acción. Con los grupos parroquiales dinamizó el accionar de los sectores, de los asentamientos humanos, de los centros poblados, que vieron en su entusiasta figura el aliciente necesario para redoblar esfuerzos y juntos mejorar, restaurar o construir su casa de oración en sus respectivos sitios. Fruto de ello, misas y sacramentos se desarrollaron también en estos lugares y ayudaba a aumentar la feligresía católica.Potenció la veneración de los patronos de esos lugares, les daba realce a la celebración de sus fiestas patronales, y a la vez les daba identidad a sus pobladores.

Al Padre Javier Sampén Zuñiga le tocó vivir momentos bastante duros estando al mando de esta parroquia. Por un lado las torrenciales lluvias y sus consecuentes y peligrosas avenidas de agua que destruían todo a su paso dejando una desolación penosa, con el saldo de innumerables damnificados, mayormente los más pobres económicamente. Pero allí estaba padre Javier con su valiosísimo equipo de jóvenes tratando de mitigar la sed, el hambre y la desolación. La población, e incluso las autoridades y hasta las empresas, le tenían mucha confianza y le hacían llegar sus productos porque sentían la seguridad que lo iban a repartir haciéndolo llegar a quien verdaderamente lo necesitaba.

Otro de los momentos muy espinosos que padeció el padre Javier fue cuando las instancias municipales le cerraron el templo por “peligro inminente”. Lo vi muy dolido, le fue tan impactante que hasta le afectó su salud.

Un movimiento telúrico primero, y las torrenciales lluvias luego, habían afectado a las antiguas estructuras y cúpulas del templo de San Pedro, por ello los responsables municipales lo declararon “inhabitable”, y con ello la joya arquitectónica podría dar paso a su lenta y total destrucción.

El padre Javier Sampén no se dejó vencer y optó por llevar a cabo la misa dominical en la calle, en la misma puerta de entrada a la iglesia, y en el atrio de la entrada derecha, las misas diarias. Libró una dura batalla para recuperar nuestro templo. Decía que está bien que se tomen las precauciones en salvaguarda de la vida de la población, pero algo también se tenía que hacer para recuperar nuestra iglesia matriz, que no solo se cierre y esperar a que se destruya.

Inició una campaña con una serie de proyectos que a muchos le parecían sueños imposibles, pero gracias a Dios y para satisfacción nuestra, dieron resultado, no solo en lo económico, sino también se ganó en la identificación de la población en estas acciones y se logró comprometer a más feligresía en esos proyectos.

A la par de ello, programó una nueva “campaña del calaminón” y logró recuperar el llamado SUM (Salón de Usos Múltiples). El techado fue cambiado totalmente por un material nuevo (calaminón) y consiguió un sitio seguro de albergue por mucho tiempo para la población sampedrana que asistía a la celebración de las misas diarias y dominicales, mientras ya se realizaban los trabajos de restauración del templo a gestión e insistencia de padre Javier.

A punta de pedir colaboraciones, que en algunas ocasiones hasta eran cuestionadas por unos pocos que mayormente restaban, padre Javier hoy nos deja con un hermoso ambón tallado y de muy buena calidad, así como también de una nueva y majestuosa mesa de altar finamente tallada que da prestancia a nuestra joya arquitectónica. No contento con ello, siguió solicitando colaboraciones y hoy también nos deja con todas las bancas del templo totalmente renovadas. Eso contagió a los sectores, AA.HH. y centros poblados y hoy ellos emulan esa labor.

Mención aparte merece lo que vivió el padre Javier, durante la pandemia del Covid-19. Fue una etapa, difícil, penosa y peligrosa. Entendió que era el responsable de la fe en nuestra comunidad, y frente a tanta incertidumbre, dolor, muerte y desolación se erigió como el gran guía. Decía: “La pandemia nos quiere cerrar los templos pero lo que ha conseguido es abrir un templo en cada hogar”. Allí de pie junto al altar, diariamente nos hacía vivir la santa misa. Nos infundía esperanza, nos alimentaba en la fe, nos incentivaba a mantener la calma, nos hacía reflexionar a través de las transmisiones en vivo a través del internet en su muy conocida página de Facebook de la “Parroquia San Pedro”, donde sus claras, reflexivas y alentadoras prédicas cada vez adquirían mayor resonancia no solo en San Pedro de Lloc, sino a mucha gente en múltiples lugares del país. Incluso se daba abasto para hacer llegar algunas ayudas a gente menesterosa. Su diario trajinar lo expuso a contraer ese terrible mal. Sufrió el contagio hasta en dos ocasiones y hasta vio peligrar su vida, pero aún en esas condiciones celebraba misas, se reponía y allí seguía él, fiel en su puesto de combate.

Dirigió ayuda al Centro Penitenciario para Mujeres. El padre Javier, fiel a sus principios y mandamientos católicos, promovió campañas para brindar apoyo, y de esta manera mensualmente llevar algo a las reclusas y así tratar de cubrir sus necesidades, muy aparte de la labor pastoral que allí desarrollaba. Creo que lo van a extrañar por esas loables acciones.

Constantemente brindaba apoyo al albergue “Santa Rita de Casia” celebrando las misas para los abuelitos que allí acuden y que hacía que en cada Evangelio despierte en el corazón de cada persona el sentido de la fe en Cristo Jesús.

Muy amiguero, sencillo, y diría hasta muy carismático. Se va cosechando muchos amigos que no solo le abrieron los brazos, sino también las puertas de sus hogares.

Por mi parte, muchísimas gracias padre Javier Eduardo por su gran amistad, por esa gran amistad con mi familia, por su concurrencia tan predispuesta a nuestro hogar cuando era requerido, como así lo hacía con muchos sampedranos. Ya lo estamos extrañando.

Padre Javier Eduardo Sampén Zuñiga será un hasta pronto.

Deja Usted una Parroquia ordenada, consolidada, con su templo en aceptables condiciones de habitabilidad, con una dinámica de participación de la feligresía en sus recorridos procesionales, con una muy buena colaboración e identificación con la feria patronal, pero sobre todo padre Javier, no solo nos deja bancas renovadas, sino que esas bancas hoy son ocupadas por la feligresía casi en su totalidad en las celebraciones eucarísticas. Es poco el espacio para detallar la mucha labor realizada por el padre Javier Eduardo en estos sus cinco años a cargo de la administración de la Parroquia “San Pedro” de San Pedro de Lloc, pero son muchas las gracias que le expresamos, reconociendo su trabajo y el empeño que le puso como si fuera un auténtico sampedrano.

Voz de

Julio César García Calderón