El conflicto de siglos entre el bien y el mal



Por los acontecimientos políticos y sociales que vienen ocurriendo en el Perú y en otros lugares del mundo, no cabe duda de que el conflicto de los siglos entre el bien y el mal, no solamente se da en el plano cósmico y espiritual, es decir, entre JESÚS y satanás; sino también en el plano terrenal, material y cotidiano, en particular en nuestro país, donde la corrupción se ha entronizado en la vida política, social y económica con mucha fuerza desde dentro y fuera de las instituciones públicas y los poderes del Estado. Hacen todo lo posible y lo indecible, para que la historia de corrupción en el Perú no cambie. Es por demás notorio y no hay forma de disimularlo, ni ocultarlo bajo cualquier pretexto u argumento. Es como querer tapar el sol con un dedo. Todo es muy evidente y descarado.

Desde fuera, se ubican algunos malos empresarios vinculados a procesos investigatorios, otros ya sentenciados en diferentes procesos relacionados con actos de corrupción, que, no solamente anhelan que se anulen sus procesos, sino también, continuar con su modus vivendi y operandi en perjuicio de la mayoría de peruanos y del Perú como nación, hechos lamentablemente históricos, en contubernio con los actores políticos a su turno, en diversos periodos de gobierno, desde que se proclamara la independencia en 1821. A finales del siglo XIX, nuestro insigne escritor Manuel Gonzáles Prada, refiriéndose a la corrupción denunciaba, con estas sentenciosas palabras “En el Perú, donde se pone el dedo salta la pus”. En la actualidad, en referencia a esta lacra social, ya no es necesario poner el dedo, ya que la pus está a flor de piel. Y, desde fuera, también hay otros actores que contribuyen a que el mal se sostenga, se consolide y se expanda, a través de la desinformación y deseducación irresponsable de algunos medios , así como los malos ejemplos asimilados por nuestros futuros ciudadanos, los niños y adolescentes.

Desde dentro, están muy activas diversas organizaciones políticas, algunos de ellos con fachada de demócratas, pero que en la práctica no lo demuestran, y otros que se han organizado con fines exclusivos de hacerse ricos de la noche a la mañana, con tal descaro y soberbia que ni siquiera pueden disimularlo. Es decir, son tan proclives al mal, que ya han perdido todo pudor y ética, que mienten con mucha naturalidad para engañar a los electores, muchos de ellos cautivos y desprevenidos de toda conciencia política, o convenidos por intereses subalternos. Es por ello su afán e interés de formar sus organizaciones políticas, convertirse en dueños y amos de sus agrupaciones, para tomar el control y manipular las decisiones ya sean de parlamentarios o regidores. En ese sentido, serán muy escasos los parlamentarios o regidores que actúen con libertad de conciencia al momento de emitir su voto.

La crisis generada por la pandemia del Covid-19, sin querer queriendo ha desnudado la cruda y descarnada realidad de la verdadera pobreza en que viven la mayoría del pueblo peruano, maquillado por la desinformación como país que ya dejó atrás y superó la pobreza y disminuyó la extrema pobreza. Un pueblo que no ha podido soportar la reclusión de la cuarentena, porque no tenían para comer, con grandes sectores que no cuentan con los servicios básicos de salubridad y de acceso a sus “viviendas”, porque viven precariamente en los cerros, muchos de ellos en la intemperie, soportando las inclemencias del clima ya sea del frio o el calor, expuestos a contraer enfermedades de cualquier naturaleza, más aún de la pandemia, dado a la vulnerabilidad de sus casos. Con trabajos precarios e informales, que no les permiten un horizonte de estabilidad y mejora de su situación personal, menos familiar.

En estas circunstancias, no solamente se evidencia las decisiones equivocadas o mal intencionadas y/o calculadas de quienes han planificado o improvisado el desarrollo del país (desde antes), de manera centralizada y dando prioridad a la expansión económica en las grandes urbes costeñas, olvidándose de generar infraestructura y oportunidades de inversión y desarrollo en la sierra, con educación y formación de calidad, para evitar el desborde migratorio hacia la costa; creando ejércitos de desocupados no/o mal calificados y mano de obra barata, que finalmente terminan de informales en el comercio ambulatorio, que a su vez generan otros problemas sociales.

Para cerrar el círculo vicioso de las malas decisiones políticas, el pueblo debe abrir bien los ojos para identificar a los grupos políticos que tienen dueño y patrón, o los que se creen herederos de los fundadores de los partidos llamados tradicionales. Por sus desempeños en el Congreso actual y anteriores, se pueden identificar quién es quién.



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Voz de

Leo Rojas