Se cerró el libro de pases

 

Para mí siempre es un placer, y creo casi necesario, entrevistarme, informarme y ganar las primicias “dateras” con el muy conocido, polifacético y amigo Rody. És un “informante político” codiciado por las agrupaciones políticas, y más aún, por los candidatos a la alcaldía que necesitan enterarse de las estrategias de sus contrincantes en estas elecciones municipales y regionales.

A  Rody, sus críticos le reprochan el haber estado muy activo haciendo campaña con su partido naranja y hasta  haber ofrecido su casa para reuniones políticas, todo a cambio de un plato de arroz con pollo. Luego que por efectos de la subida de los combustibles que le afectó su economía tuvo que buscar “plata como cancha” en otro partido, y hasta dio plazo de dos mesecitos para dedicarse de lleno a apoyar “A” esa candidatura. Por otro lado su amigo constructor le increpó que lo había visto pactando con otro candidato popular en una acción que le reclamaba su falta de compromiso en apoyo a su campaña ya que le había dado a cuenta un bidón de gas y hasta una recarga de diez soles para su celular, que ni los números se notan.

Él me miró, sonrió, y con el cinismo propio de los viejos políticos, esbozó su defensa amparándose en que era muy “pretendido” porque todos reconocían su supuesta valía; y los que le increpan su transfuguismo es porque le tienen envidia al ver cómo los políticos se disputan sus servicios. “Esto de la política es ahora como en el fútbol”, decía. A ver, ¿acaso en el fútbol no hay una época en que se abre el libro de pases y los jugadores pasan de un club a otro? Allí se dan las grandes negociaciones. A los jugadores se les hace una serie de ofertas a veces nada santas, otros se pasan por conveniencia, y hay también los ambiciosos  que hacen de todo por conseguir el campeonato, y allí no importa qué camiseta vestir. Allí no hay amor a esa camiseta, peor a la institución, menos la entrega por un objetivo. Allí solo hay acomodo y todas las vivezas que trae la “criollada” popular, para luego fácilmente tirar todo al tacho y seguir con su objetivo personal.

“Así es mi amigo”, me decía. Sino mira el vergonzoso ajedrez político en nuestro valle. Veamos. Convocada las elecciones Municipales y Regionales, es como que se abrió el libro de pases. Cualquiera podía pasarse de una agrupación política a otra sin ningún miramiento, solo renuncia, afíliate, o vas como invitado. Ya no interesa la ideología política, ni el plan de gobierno, ni que sea de derecha, de centro o de izquierda. Sigue vigente el legado que dejó el siniestro Montesinos de comprar políticos para que se pasen a una determinada agrupación con el etiquetado de “tránsfugas” ; pero, en democracia, los políticos lo llaman ahora “afán de servicio al pueblo”.

¿Ves cómo estamos?, seguía su relato. El libro de pases estaba abierto y comenzaron a acomodarse. Del Apra se pasaban a Fuerza Popular, los de Fuerza Popular se cambiaban a Súmate unos y otros preferían a APP, los de PPK engrosaban las filas de Somos Perú, otros por interés  retornaban a su agrupación política al ver que en otros partidos ya no les daban bola y frustraban sus apetitos de poder. Todo era un circo. Y para colmo, los llamados nuevos partidos, sin militantes que ofrecer, tristemente se ofrecían en vientres de alquiler para que los no afiliados pudiesen conseguir su pretensión de ser candidatos.

Esta es nuestra política amigo, comentaba penoso. Analiza tú, ¿qué podemos esperar como autoridades de estos personajes sin identidad política? Lastimosamente esto es lo que nos ha dejado este vergonzoso y peor Congreso de la República dando leyes que impiden la participación vecinal, supuestamente para “fortalecer” a los partidos políticos, que hoy por hoy son rechazados.

Por el momento se  cerró el libro de pases para estas elecciones municipales y regionales. Muchos han cambiado de camiseta, esperamos un arbitraje imparcial, pero con la diferencia que esta vez juega la tribuna. Todo depende de la sabia decisión del pueblo,  sentenció nuestro buen amigo Rody.

Voz de

Julio César García Calderón