Incapacidad e incompetencia, nuestros dos grandes males



Ya no necesitamos ir a un Instituto o Universidad, tener un título o grado, o menos una especialidad, para obtener un sillón municipal o regional, o un escaño en el Congreso o aspirar a algún cargo público, que deberían formar parte de los requisitos para ejercer y ser merecedor de estos nombramientos.

Hemos llegado al fatal extremo que para lograrlo sólo basta una condición: VOLUNTAD DE SERVICIO, que significa, hablar, prometer, y convencer a la ciudadanía con publicidad y regalos, y mientras dure nuestra campaña suplir temporalmente las necesidades básicas de nuestros electores, que aceptan todo tipo de dádiva a cambio de un suplicado e interesado voto. Y una vez logrado nuestro propósito, después de compartir y celebrar con ellos la fiesta, olvidarnos de compromisos y promesas, sumergiendo y ahogando en ese mar de ilusiones, todo anhelo, sueño y esperanza de progreso de nuestros pueblos.

Y esta fatalidad anunciada será consecuencia de esos dos grandes males que aquejan a nuestra política nacional: La INCAPACIDAD e INCOMPETENCIA, que junto a la improvisación han formado raíces en nuestra sociedad, sin apartar y dejar de mencionar al gran mal de la corrupción que se ha convertido en una necesidad de nuestras autoridades y políticos para lograr y saciar sus apetitos personales.

¿Quiénes gobiernan nuestros pueblos, nuestras regiones, nuestras instituciones y organizaciones? ¿Qué requisitos se requieren para conseguir y obtener cargos y representaciones públicas? ¿Qué historial, hoja de vida, experiencia y  conocimiento se solicita para nombramiento alguno?

Ninguno. Nada de esto hoy existe, sólo se necesita una buena franela, una buena escobilla y limpiar el polvo del saco o de la ropa del quien decide elegirlos como candidatos a ser “nuestros futuros representantes”.

Vemos a menudo en nuestras municipalidades, instituciones y organismos públicos, a autoridades, funcionarios y personal administrativo, que labora sin tener el mínimo conocimiento de sus funciones y menos saber sobre valores, respeto, educación, ética y profesionalismo; sólo les bastó tener un buen sillón, usar un saco, y los de mejor rango y suerte tener una camioneta y  secretaria, para sentirse poderosos y engañarse a sí mismos que son los únicos dueños de la verdad.

Cuántas veces nuestras autoridades, funcionarios y personal de nuestras instituciones públicas nos hacen recordar a Jim Carrey, actor de la película de comedia y surrealismo LA MASCARA, cuando usan el casco, o el mandil,  o el saco con corbata, y ostentando, se convierten en ingenieros, médicos, economistas o especialistas egresados de universidades, que tal vez visitaron, pero que jamás estudiaron.

Pero lo más grave de todo lo que vivimos, es que existe un total silencio de nuestros colegios profesionales  que parecen estar ciegos y con oídos sordos a todo lo que la ciudadanía siente y percibe, cuando convocan y dan tribuna a muchos de estos “especialistas” para exponer y disertar temas técnicos, que con esa acostumbrada elocuencia y su gran atrevimiento e ignorancia, pretenden  convencer, absolver o disipar duda alguna.

También me llevó a recordar ese cuento infantil EL TRAJE NUEVO DEL REY, donde el sastre casi logra convencer a toda la multitud del reino que su Rey expuesto, casi desnudo, llevaba un traje invisible.

¿Con todo lo que nos acontece, esperamos que nuestros pueblos tengan buenas obras, buenos proyectos, progresen, sean seguros y exista ese bienestar anhelado?  Creemos que nuestras esperanzas se irán extinguiendo mientras nos gobiernen personas sedientas de poder, de riqueza, de ambiciones personales y de una gran INCAPACIDAD e INCOMPETENCIA para gobernar. Ojalá Dios nos ayude a recapacitar y en estas próximas elecciones, de contar con candidatos idóneos, sepamos elegirlos por el bien de nuestros pueblos.

Voz de

Humberto Arancibia Cueva