​Corrupción y abuso, ¿quién nos protege?

Escuchamos, leemos y sentimos  a diario la gran corrupción y abusos que se cometen en nuestras instituciones, entidades públicas y privadas, empresas de consumo y de servicios, y en nuestros poderes del estado, que es lo más grave y difícil de curar, dejando consecuencias lamentables, donde los únicos que resultan lastimados y perjudicados somos nosotros: el ciudadano común y corriente, que aún piensa que el principio de nuestra existencia radica en tener valores, civismo y amor a nuestra nación.

Lamentablemente, muchos han perdido ese amor patriótico y los conocemos porque los vemos siempre angustiados y desesperados por conseguir algún cargo o nombramiento público, que los lleve a encontrar el baúl del tesoro. Los ciudadanos estamos cansados de escuchar el mismo comentario todos los días y repetidamente: CORRUPCIÓN Y ABUSO, verificando información en las saturadas oficinas de DENUNCIAS Y RECLAMOS.

Iniciamos nuestra visita con las empresas de servicio donde los abusivos y altos consumos facturados de agua, luz, cable y telefonía invaden nuestros hogares, luego nuestras instituciones financieras  y entidades públicas, donde el terror de los intereses e impuestos violan nuestra tranquilidad,  y seguimos nuestra habitual caminata llegando a las empresas de consumo, donde lo que compramos no resulta ser lo que nos ofrecen, y finalmente, acabamos nuestra rutina diaria llevando nuestras quejas y reclamos a los organismos reguladores y de control, donde nos enseñan la salida final que nos llevará a las temerosas oficinas del Poder Judicial y Ministerio Público, donde casi siempre encontramos las puertas cerradas,  y si ingresamos nunca salimos. Un final casi siempre con decepción, impotencia y sin el pequeño ánimo de una sonrisa, que se ha convertido para nosotros, en un solo pensamiento: CORRUPCIÓN Y ABUSO.

¿Pero qué hacemos ante todo esto? Sólo nos quedan  los medios de difusión y comunicación que muestran su reciprocidad, transmitiendo nuestra impotencia ante todos estos abusos y atropellos, esperando ser escuchados por nuestros representantes de la ley, pero sin resultado alguno.

¿Cómo debemos detener esta ola de corrupción y abuso que sólo nos causa indignación y vergüenza como peruanos, viendo que nuestros supuestos defensores son defensores de los denunciados?

Sabemos perfectamente que no son los organismos de Control, los que con un fin y mucho optimismo de hacer justicia fueron creados. Son la conformación de personas integrantes de estos órganos  reguladores, que su única misión es escuchar  a todos los ciudadanos que vivimos a diario el abuso y maltrato de las instituciones, y deberían resolver con justicia.

Miremos horizontalmente a Osinergmin, Osiptel, Indecopi, SBS, Sunarp, Sunass, Ocma, inspectorías, procuradurías y tantas defensorías creadas para defensa del ciudadano, cliente y consumidor. ¿Realmente a quién protegen?  ¿Acaso los denunciados no forman parte de este mismo círculo vicioso de estos organismos? ¿O es que nuestros gobernantes son ciegos y creen que pensamos que encontraremos justicia en manos  de gente que para contentarnos nos hacen firmar un simple formulario de trámite? ¿Acaso ignoran que sin necesidad de ser videntes, sabemos que nuestra denuncia y reclamo acabará con ese acostumbrado término de: SE RESUELVE INFUNDADO O IMPROCEDENTE.

Jamás encontraremos justicia si el denunciado es JUEZ y PARTE, de continuar así no podemos esperar, ni abrigar esperanzas de salvación y menos creer cuando nos tratan de engañar, como lo acontecido recientemente  que nos dicen que es una Reconstrucción con Cambios... ¿QUÉ CAMBIOS?

Voz de

Humberto Arancibia Cueva