Nuestra Policía Nacional y Su Imagen Como Institución

Hoy en día, para muchos de nosotros, nuestro sentimiento de respeto a nuestra Policía, se ha trastocado en  un sentimiento de temor. Preferimos estar lo mínimo cerca de ellos. Esta transformación de sentimientos es debido, a lo que a diario, nuestros medios informan de escandalosos casos de corrupción que vive nuestra Policía Nacional.

Y este claro reflejo de inseguridad y duda, nos advierte que debemos estar preparados para afrontar cualquier abuso de autoridad, advertencia que percibimos en sus inexplicables intervenciones o falta de atención en nuestras denuncias, y que se han convertido en parte de la realidad, como ellos mismos nos dicen con el mayor descaro y sin respeto, cuando nos intervienen.  Solo nos queda actuar con sabiduría cuando estos malos supuestos guardianes del orden , nos agreden con prepotencia con un uniforme, que por decencia y vergüenza, deberían dejar de usarlo.

Al redactar he pensado en mis nietos y en las nuevas generaciones, visualizando -de continuar así- un futuro terrible, con una añorada, entrañable y noble  institución, que fue creada para servir y proteger al ciudadano,  y que  hoy atraviesa una crisis interna y una deteriorada imagen institucional.

¿Qué pasó con nuestra querida y añorada Policía?  Recuerdo aun, que  ingresar a esa institución  era un honor  y que a pesar del bajo salario que percibían, no les representaba impedimento ni  motivo para cumplir el noble rol de velar y salvaguardar la seguridad del ciudadano,  demostrando  valores.

Hoy,  caminamos por nuestras calles con temor,  y los que conducimos vehículos, nos encontramos con estos “amigos del orden” que nos intervienen sin justificación, violando las normas y el reglamento, y tratando de exaltar nuestro tranquilo comportamiento con infracciones que no existen, pero que cuyo fin no es el de dejar un precedente de orden, sino económico.

¿Y qué podemos opinar de nuestros jóvenes policías recién egresados, cuando salen a las calles?  La gran mayoría, no conoce el significado del respeto y no creo equivocarme en decir,  que tampoco conocen cuál es su labor y la función del buen policía. Se ha convertido en algo habitual verlos  en los centros comerciales,  terminales  y zonas rígidas del centro de  nuestra ciudad, cuidando los espacios prohibidos para dar lugar al estacionamiento de taxis informales que dificultan el libre tránsito de vehículos y peatones;  y nuestra policía femenina que cada vez que nos encontramos con un saturado tráfico, es porque los semáforos han sido reemplazados por estas jóvenes, que más atentas están con los celulares buscando el pokemon, o con sus auriculares conversando con las amistades,  o escuchando música de su gusto.

Sería innumerable comentar lo que vemos y escuchamos en las emisoras, día a día y las denuncias de lo que nos pasa a cada uno de nosotros; en las comisarías,  en las carreteras y en la calles cuando conducimos y nos sorprenden, tratando de completar la “ bolsa” para los jefes, y sin comentarios, los asaltos y robos que suceden en  nuestras viviendas y zonas de residencia, y que hoy motivó, sin perder la esperanza de salvación más que de solución, apersonarme a la Inspectoría de la Policía de Trujillo. Dicha visita, estuvo motivada por un clamor de las familias de mi querido balneario Huanchaco, donde la delincuencia, los escándalos, los robos, y los locales albergue de gente mal vivir, aumenta día a día,  ante la impasividad de nuestras autoridades municipales y policiales. Tuve la suerte de ser atendido por el mismo Jefe de Inspectoría, Coronel Benjamín Rengifo Prieto, quien amable y consideradamente escuchó a través de mi persona, el reclamo de los residentes que vivimos y amamos Huanchaco, que hoy atravesamos una álgida y preocupante situación de inseguridad; mostrando una seria atención, que  me infundía compromiso en lo solicitado, además de las coincidencias en nuestras apreciaciones.

Reconozco con satisfacción haber tenido esta  plática con el Inspector Policial, coincidiendo en sus comentarios y su convencimiento,  de que esta Institución policial, es rescatable, y que  no van a desmayar en su lucha contra la corrupción, tal vez  para muchos, exista un mínimo porcentaje de honorables policías, pero una policía que se sienta orgullosa de vestir su uniforme  y  que siempre acompañe en sus acciones el código de ética que es parte de su enseñanza, aunque pocos pero buenos, calidad y no cantidad.

Sabemos que existen en esta loable institución, hombres y mujeres honradas, correctas y respetables,  con una buena formación familiar, y con cualidades que nos enorgullecen a muchos de nosotros  ser parte como amigos y familia;  soy uno de los que me siento identificado con ellos, pero que lamentablemente sin merecerlo son arrinconados, apartados y muchos cesados por intereses, cuya justificación al retiro, obedece fríamente, a una simple decisión de los encargados del  gobierno de turno.

Los ciudadanos pedimos limpieza y calidad  en nuestra policía, pero la única forma de lograrlo no es solo prometiendo sino cumpliendo, y lo lograremos cuando el  policía de mayor rango  predique a sus subalternos la obediencia y ser émulo de sus acciones, mostrándose  con honradez y el  respeto a su uniforme, y estamos seguros de que con su ejemplo, hará que esta institución restituya su honor y nuestra sociedad viva satisfecha  y agradecida de haber recobrado esa policía que, como peruanos, nos hará sentirnos orgullosos.

Voz de

Humberto Arancibia Cueva