La Gestión Municipal y el Mito de los Primeros Cien Días

La agenda de trabajo inicial de los primeros cien días establecida como una especie de prueba de gestión para los nuevos alcaldes. Estos deben asumir y liderar el reto, superando las dificultades propias de recepción del cargo, muchas veces nada formales, con limitaciones de información, con falencia económica y financiera, desorganización etc. Agravado en algunos casos por la resistencia y/o desgano de los trabajadores estables, quienes, como es natural, se sienten afectados por la reubicación de sus puestos de trabajo, al cual se han acostumbrado o están enseñados por la rutina. También es una etapa de incertidumbre y dudas por desconocimiento de las normas legales de gestión pública (en algunos casos), que son causales de frecuentes errores. Ocasionando desazones, críticas y desconfianza en la población.

La meta de los cien días, más que un indicador de resultados, es un instrumento político que marcará una señal de estilo de gobierno, así como los rasgos de su eficiencia o ineficiencia. Si hay resultados de gestión durante los primeros cien días, la ciudadanía percibirá como buen alcalde, en cambio, si no logra resultados lo percibirá como un mal alcalde, y tendrá que trabajar arduamente para superar tal percepción. Por cuanto los electores están a la expectativa del liderazgo de gestión del nuevo alcalde, toda vez que han depositado sus esperanzas, y esperan la solución de los problemas más urgentes.

En consecuencia los nuevos alcaldes se ven precisados a elaborar una apretada agenda de trabajo para los primeros 100 días, buscando solucionar los problemas más urgentes que afectan a la comunidad, debiendo tomar en cuenta para ello dos aspectos: Por un lado el aspecto externo, relacionado con el desarrollo local (señales de querer mejorar la situación económica y social de la comunidad local; por ejemplo, generando las condiciones para el desarrollo económico y la creación de puestos de trabajo), y los servicios públicos (señales de querer mejorar los servicios públicos básicos). Y por otro lado el aspecto interno, es decir, lo relacionado con la organización institucional (proyectar un reordenamiento organizacional basado en un estudio y coherentes con el Plan de Desarrollo Concertado) y el fortalecimiento de capacidades (evaluar y proyectar programas de fortalecimiento de capacidades para el personal del ente corporativo). Para ello deberán considerar y tomar en cuenta únicamente las actividades realizables en dicho periodo de tiempo.

La meta de los cien días, más que un indicador de resultados, es un instrumento político que marcará una señal de estilo de gobierno, así como los rasgos de su eficiencia o ineficiencia.

En definitiva, es un periodo de prueba, que no necesariamente va a reflejar o ser indicador de éxito o fracaso de la gestión del nuevo alcalde; el éxito o no de los primeros cien días, es relativo, por las condicionantes que se presentan al inicio de una gestión, particularmente para un nuevo alcalde. Pero sí, debe servir de indicador, para evaluar y realizar los ajustes y correcciones del caso, con proyección para el resto del periodo de gestión. Para cuyo caso debe tener un peso preponderante los factores siguientes: recursos humanos, organización, disciplina, transparencia, participación y planificación.

La clave, para enfrentar el reto, está en la sabiduría del burgomaestre para seleccionar y elegir sus cuadros técnicos, particularmente del Gerente Municipal, hombre orquesta que debe coordinar y articular la gestión con todas las áreas de la estructura organizacional.

Lamentablemente esta práctica de designar a dedo al personal de confianza instituida por las organizaciones político partidarias, por lo general resulta un cuello de botella para un resultado exitoso de la gestión municipal. Cuando lo práctico y saludable sería recurrir a la convocatoria por concurso público, para cubrir sobre todo los cuadros técnicos de personal.

Así se evitarían desfases y abría continuidad en los programas y proyectos; y facilitaría la recepción y entrega de cargos de alcaldes salientes y entrantes. Y sugeriría aún más, volver a la carrera pública, para que el trabajador vaya escalando por concurso interno conforme a sus méritos y experiencia acumulada.

Voz de

Leandro Rojas Rueda