¡Basta!

A mis inolvidables amigos Juan, Camiña e hijos, con inmenso afecto e interminable gratitud


El pasado 18 de enero de 2015 fui honrado por el Consejo Directivo del Club Provincial Pacasmayo para actuar como padrino de la sala Pakatnamú que hacía poco había habilitado la Institución para prestar un mejor servicio a los socios y sus invitados.

En aquella oportunidad, recibí, como todos los asistentes, el libro de homenaje al héroe sampedrano Teniente Primero MGP Decio Oyague Neyra por su acción heroica durante la denominada Guerra del Pacífico que enfrentamos, de un lado Bolivia y Perú y del otro Chile.

Oyague hundió el barco de la Armada Chilena, Covadonga, cuando Chile había invadido nuestro suelo patrio en su política expansionista que definió el presidente chileno Diego Portal, en 1836, en oposición a la Confederación Perú - Bolivia promovida por el mariscal boliviano Andrés Santa Cruz y algunos militares peruanos entre quienes alcanzo a recordar al trujillano de Orbegoso.

En el libro recibido, en la oportunidad del padrinazgo, encontré una frase de Marco Tulio Cicerón, 40 años antes de Cristo, que expresa: LOS PUEBLOS QUE OLVIDAN SU HISTORIA ESTAN CONDENADOS A REPETIR SUS TRAGEDIAS.

Esta sentencia me hizo recordar a Jorge Basadre en sus capítulos que cubren ese condenable periodo bélico, cuando los estudié, bajo la orientación sabia de José Barba Burga, profesor de Historia de mi octogenario colegio "Andrés Rázuri" de San Pedro de Lloc, cuna del héroe de Junín, el coronel José Andrés Rázuri, y primera tumba de Antonio Raimondi, el sabio italiano que durante 19 años recorrió el Perú para descubrir sus recursos y pedir a los jóvenes que tenían la obligación de emplearlos para el bienestar de toda la población.

Hoy puedo escribir, con mucho dolor, que la guerra fratricida me dejó huellas espirituales que nunca podré ocultar. Es posible que haya nacido con ellas y que éstas se trasmitieron de generación en generación. Admito que ellas están en mi subconsciente y que en mi actividad normal no me alteran, no me hacen desarrollar sentimientos negativos como el odio y la venganza. NO. Setenta veces siete NO.

Nunca tendré para mis hermanos chilenos otros sentimientos que no sean el afecto y la gratitud que los muestro en mi recuerdo a la familia Barrientos de Santiago, a quienes conocí en el periodo 5 abril 1972 -20 de agosto 1973.

En casi todo ese tiempo Gloria, mi esposa, mis hijos Fernando, Manuel y yo recibimos todo género de atenciones de los Barrientos que representan al común de los chilenos. Habíamos llegado al anochecer de ese día de abril y a los dos días me contacté con Carmiña Barrientos de quien sólo tenía su teléfono. Me lo había proporcionado una pareja peruana del Movimiento Familiar Cristiano que se había desarrollado, a la luz del Concilio Vaticano II, en varios países latinoamericanos como una corriente laica dentro de la Iglesia Católica.

No me es posible sintetizar el conjunto de acciones benefactoras que recibimos los Muñoz peruanos de aquella generosa familia chilena. Cuando estuve solo, una cuantas semanas, Juan me decía: Ven, amigo, mi amigo negro, para almorzar juntos, en su casa los domingos.

Recuerdo, como si acabara de suceder hace algunas horas, que un día, que asistía a la Misa Dominical, con la familia Barrientos, Juan me presentó nada menos que al Senador y ex Presidente de Chile el Sr. Eduardo Frey Montalva. Me emocioné mucho porque estaba frente a uno de los personajes más importantes de Chile quien, entre otras medidas de gobierno, había comprado las minas de los capitales extranjeros y reforzado a la Empresa CODELCO en la cual trabajaba Juan.

Cuando evoco mis días en Chile, en medio de los grandes problemas que tuvo que soportar el gobierno del Sr. Salvador Isabelino Allende Gozens, no alcanzo a entender a los pocos chilenos que insisten en realizar actos que atentan contra toda forma de convivencia pacífica, que no entienden que ya pasó, entre nosotros, los incontenibles deseos de conquista territorial, que la confianza entre los pueblos jamás puede admitir el espionaje como un elemento que nos acerque.

No gobierno a mi sufrido Perú y por tanto no soy responsable de las relaciones con los países vecinos. Pero sí soy un ciudadano que, sin olvidar su historia, no quiere echar leñas de fuego a la hoguera, no quiere pensar que los aviones, los misiles y tantas otras armas devastadoras no sólo ocasionarán cuantiosas pérdidas materiales sino que acabarán con miles de vidas inocentes.

Por eso escribo BASTA. Sea quien fuera el que ordenó el espionaje, sean quienes lo ejecutaron no podemos disparar misiles convertidos en palabras ofensivas, en gestos altaneros de uno y otro bando. La paz no se cultiva con amenazas ni con declaraciones fuera de la realidad como las del Sr. Diputado Chileno cuyo nombre no quiero recordar.

Sé que es casi imposible que un gobierno chileno como el de la médica Michelle Bachelet opte por pedir disculpas al gobierno peruano del Presidente Ollanta Humala. Durante el primer gobierno de la Presidenta Bachelet, el gobernante peruano, abogado Alan García Pérez, planteó la demanda para definir los límites marítimos entre Chile y Perú. Conocemos que el fallo no fue bien recibido por algunos pocos chilenos. Estimo que aquello es un caso cerrado y que nadie puede dejar de cumplir la sentencia del Tribunal de la Haya.

Es posible que la soberbia oscurezca a la razón y que un reducido sector chileno considere, como el Sr. Rodríguez Elizalde, que el espionaje es una práctica de cualquier nación y se puede justificar como un conjunto de acciones que busquen la seguridad de quien espía a su vecino. No es necesario afirmar algo que equivale a decir: los que son espiados son parte de la irregularidad; por consiguiente no es preciso realizar actividades correctivas dentro de las cuales pedir disculpas por las acciones instigadoras y compradoras de la información espiada.

Creo, sin embargo que así como se debe decir BASTA a las desmesuradas compras de armas, de uno y otro lado, también se puede decir BASTA al calentamiento de los motores de los F16, a los ejercicios con tanques cerca de la frontera.

RECORDAR los combates de Iquique y de Angamos, la ocupación con incendio previo de Lima, las batallas de Tarapacá, de Arica, del Alto de la Alianza, de Concepción, San Pablo, la Campaña de la Breña, etc. son parte de las lecciones de Historia escrita por Basadre o por Vicuña Mackena.

RECORDAR no es lo mismo que espiar; para vivir en paz no hay que promover el enfrenamiento de ningún tipo. RECORDAR a los buenos amigos es un acto de gratitud y es recorrer juntos los caminos, sin tropiezos, que nos conduzcan a una meta común como la Alianza del Pacífico junto a nuestros hermanos de Colombia y de Méjico.

Por todo lo escrito y lo que queda guardado es preciso poner en práctica todo lo que nos une y hace levantar una bandera con la palabra BASTA para acabar con todo lo que signifique rebrotes del odio, humillaciones, vanaglorias de victorias aun cuando no nos atrevamos a hundir parte del Monitor Huáscar en Iquique y otra parte en Angamos, lugares no chilenos antes de la Guerra del Pacífico, en los cuales dieron su vida, llenas de heroísmo, los marinos Prat y Grau, de Chile y de Perú, respectivamente.

Voz de

Rubén Muñoz Ribeyro