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Reflexiones en Semana Santa

Asistimos ya a los actos centrales por la Semana Santa 2015. Nuevamente, el mundo cristiano vuelve sus ojos a las páginas de la historia sagrada y acude a la Biblia. Ese extraordinario e incomparable libro que es una joya de la literatura universal por su perfección y riqueza literaria, nos remonta a los días de la pasión y muerte de Jesús, el predicador de Galilea, el incansable luchador por la construcción de un mundo donde impere la justicia social para que haya paz, amor, honradez, solidaridad, fraternidad, etc.

Jesús se enfrentó a las injusticias sociales y denunció aquello que era un cáncer, y que no ha logrado extirparse. Ese cáncer no solamente ha permanecido, sino que se ha expandido afectando al mundo entero, a unos países con mayor fuerza.

Al margen de las figuras literarias y de las predicciones, no puede ignorarse la lucha solitaria de Jesús contra las injusticias de la época, que siguen siendo las mismas –multiplicadas a mayor potencia- en el mundo actual, con situaciones mayores y con la enorme diferencia entre los poderosos poseedores de enormes riquezas materiales, y los pobres que poco o nada tienen. Un mundo en el que siguen imperando injusticias, trato humillante a los desposeídos, y las numerosas situaciones en las que el poder económico y político se impone a base de abusos y excesos.

Los momentos actuales son semejantes a los de la época en que la historia nos lleva al conocimiento del paso del Mesías en un mundo de incomprensiones, de abusos, de maldad, etc. Nada parece haber cambiado, y contrariamente, cada día hay peores situaciones. Gobernantes en carreras desenfrenadas por aumentar sus riquezas personales vía saqueo de la caja pública; gobernantes marginando y desprotegiendo al desposeído rindiéndose a la fuerza del dinero y dándole las espaldas a la justicia.

Ojalá estos días sean aprovechados por todos para reflexionar respecto de nuestras conductas y hacer propósito de enmienda real, y no solo de palabra. Difícil, muy difícil porque la naturaleza humana es proclive al pecado y al delito, a la obtención fácil de fortunas violando la ley. Las cosas van de mal a peor, y con pocas esperanzas de revertirlas. Las nuevas generaciones parecen atrapadas en las garras de esas mafias. El peligro es mayor porque las reservas humanas, la niñez y la juventud, son ganadas fácilmente gracias a los malos ejemplos; emulan a los perversos, a los corruptos y a los cínicos convertidos en autoridades y que se presentan como ejemplos en una sociedad podrida en sus cimientos.

Que la Semana Santa 2015 sirva no solo para meditar sino para rectificar conductas y sumarse al pensamiento de Jesús, el Cristo, luchando por una sociedad con justicia, paz y amor. Esto es posible siempre que haya voluntad de hacerlo. Depende de cada uno de nosotros. Quienes ejercen alguna función pública deben tener presente que su obligación es actuar conforme a ley, y no al margen de ella. Deben hacerlo con total independencia e imparcialidad para así obrar en justicia.