Ecos del malecón perdido  

Malecon 2000

 

En esas caminatas que solían parecer eternas, donde la paz se sentía en el aire, donde los  atardeceres eran los más hermosos y los amigos de toda la vida se reunían en un lugar tan importante —testigo de generaciones de familias que crecieron juntas—, el malecón de Pacasmayo era un símbolo de vida. Después de cada almuerzo, salir tranquilamente por un helado era casi un ritual. El aroma del café amargo marcaba las cuatro de la tarde en el Club Pacasmayo, y las risas eran la música que llenaba todo el ambiente. 

Podías caminar con calma por ese malecón, tan bonito, tan tranquilo, tan lleno de vida. Hoy, en cambio, veo su deterioro ante mis ojos.  ¿Dónde están? Me pregunto. ¿Qué pasó? 

El malecón ha perdido su magia. Ya no huele a café. No se escuchan risas. Solo queda una construcción abandonada desde hace tiempo. Silencio. Ausencia.

Desde este espacio, pido ayuda para recuperar el malecón de Pacasmayo. El lugar donde crecí. El lugar que me formó. Un sitio que merece volver a la vida, para que las futuras generaciones puedan conocerlo, caminarlo, sentirlo. 

Y así, algún día, volver a llamarlo hogar.  

 

Voz de

Luciana Saavedra Cano