Ecos del malecón perdido
En esas caminatas que solían parecer eternas, donde la paz se sentía en el aire, donde los atardeceres eran los más hermosos y los amigos de toda la vida se reunían en un lugar tan importante —testigo de generaciones de familias que crecieron juntas—, el malecón de Pacasmayo era un símbolo de vida. Después de cada almuerzo, salir tranquilamente por un helado era casi un ritual. El aroma del café amargo marcaba las cuatro de la tarde en el Club Pacasmayo, y las risas eran la música que llenaba todo el ambiente.
Podías caminar con calma por ese malecón, tan bonito, tan tranquilo, tan lleno de vida. Hoy, en cambio, veo su deterioro ante mis ojos. ¿Dónde están? Me pregunto. ¿Qué pasó?
El malecón ha perdido su magia. Ya no huele a café. No se escuchan risas. Solo queda una construcción abandonada desde hace tiempo. Silencio. Ausencia.
Desde este espacio, pido ayuda para recuperar el malecón de Pacasmayo. El lugar donde crecí. El lugar que me formó. Un sitio que merece volver a la vida, para que las futuras generaciones puedan conocerlo, caminarlo, sentirlo.
Y así, algún día, volver a llamarlo hogar.
Artículos Relacionados
El Renacer de Las Maravillas
El origen del nombre de este ahora nuevo núcleo urbano presumo debe tener que ver con las virtudes de sus habitantes fundadores o con lo que proyectaban ser al futuro. Leer Más
La indignante realidad del maestro rural
El Perú, para ellos, es así de plano como su escritorio, no hay relieve diverso, no hay naturaleza bravía, es un profesor o una profesora, y no importa si muere porque se pedirá un minuto de silencio por su deceso, la recordarán tres días y al cuarto día llegará otro a cubrir la vacante. Leer Más
Antiguas tradiciones que hoy están prohibidas y son sancionadas
Cuántas personas exhiben en sus propios cuerpos las consecuencias de lamentables accidentes causados por la explosión de cuetes. Leer Más

