La ciudad y los ruidos I
Nuestro Nobel Mario Vargas Llosa escribió “La ciudad y los perros” y salvando las abismales distancias, yo escribiré, La ciudad y los ruidos.
Pacasmayo fue una ciudad idílica y limpia, pero se ha transformado en una ciudad bulliciosa y descuidada por decir lo menos. Lo curioso es que el progreso, el adelanto técnico, científico y cultural que se percibe y nota a primera vista en la mayoría de países de Europa y otras latitudes; en nuestro querido Pacasmayo más bien no solo el adelanto y progreso se han detenido, sino que, lamentablemente hemos retrocedido. Pero no porque lo diga yo; sino porque el malestar es generalizado y la mayoría de la gente lo comenta y se siente incómoda pero tampoco se pronuncia ni hace nada por cambiar la imagen que tenemos ahora. La indiferencia, el desdén y falta de amor a lo nuestro es un cáncer que nos corroe y nos convierte en personas de segunda que solo criticamos, pero no contribuimos a tratar de cambiar en lo que se ha transformado nuestra ciudad.
Principiaré por nuestro emblemático paseo que es el Malecón que, por décadas, fue lo más exquisito y nos sentíamos orgullosos de tener este espacio a la orilla del mar. Por las mañanas y tardes generalmente era frecuentado por niños y jóvenes y por las noches un agradable paseo para adultos. Resulta que desde hace un buen tiempo el área junto al Club Pacasmayo fue literalmente tomada por un grupo de jóvenes que seguramente de buenos sentimientos, pero sin reparos toman una parte del Malecón sin el menor respeto por la gente mayor que desea pasear con tranquilidad y sin ruidos. Se suma a todo esto, la proliferación de vendedores en sus carretillas que por un lado necesitan ganar algún dinero, pero todo tiene su sitio y su lugar.
Nuestra Plaza de Armas donde justamente se encuentra la Municipalidad y la oficina de la máxima autoridad, es de un área tan pequeña que ya no soporta más eventos ni ruidos por lo que pienso que solo debe ser utilizada para Fiestas Patrias y Navidad. Cualquier otra actividad de colegios y otras instituciones con bandas y desfiles tienen que efectuarse en la Av. Mariscal Cáceres ancha y larga y que inmediatamente de terminada la actividad, un equipo de limpieza, recogerá toda la basura y los depositarán en una camioneta, y minutos después todo quedará limpio.
Otro flagelo que está prohibido y penado por ley es el uso indiscriminado de pirotécnicos que son a base de pólvora y ya conocemos las desgracias que han causado a lo largo de los años y para muestra un botón; lo sucedido en Mesa Redonda en Lima que, entre muertos y desaparecidos sumaron 400 personas y muchos reventadores de cuetes que han perdido uno o más dedos y hasta un ojo. Inclusive personas ajenas que circulaban por los alrededores fueron víctimas de un segmento del cuete que les impactó con fuerza y produjo una desgracia. Aquí son responsables todas las autoridades civiles, militares, eclesiásticas, bomberos y el propio pueblo que, al permanecer indiferente, con su silencio deja que la amenaza continúe. “Pueblo que calla es cómplice”
La cereza de la torta de todo este desorden, son las avionetas de la escuela ESPAC cuya área de vuelos y prácticas de aprendizaje e instrucción son los techos y casas de la ciudad de Pacasmayo, es decir, la propia Municipalidad, las iglesias y otros templos, las oficinas policiales, almacenes de venta de gas, la fábrica de cemento, etc. que están bajo el asedio constante de un accidente pues si volaran por otro lado se pudiera evitar.
Es cierto que el Convenio/Acuerdo o Contrato se hizo en el periodo de la anterior gestión edil, pero eso no mengua que el actual gobierno municipal que supone un Alcalde, un Gerente y varios Regidores es decir como diez personas que ven, escuchan, leen y razonan, hasta el día de hoy no hayan tomado este picante tema en manos, para resolverlo y evitar una latente y posible desgracia.
En el diario local ya se publicó, hasta dos veces un artículo muy claro y minucioso que en buen castellano, denuncia la pasividad, de nuestras autoridades y nos indica que para una pista de avionetas tan pequeñas sólo sería necesario dos hectáreas pero les han cedido 64, que no pagan ningún alquiler y que seguramente no cuentan con una Póliza de Seguros que pueda cubrir la indemnización de diez muertes y veinte casas destruidas por incendio, etc. Ya a fines del año pasado se cayó una avioneta en el balneario de Huanchaco y perecieron sus cuatro ocupantes y dos meses después tuvo un aterrizaje forzoso otra avioneta por Ascope.
Hay mucho más para comentar y abrir los ojos a nuestras autoridades y vecinos en general, pero eso será en una segunda entrega que se llamará: LA CIUDAD Y LOS RUIDOS ll
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