El drama de los moradores de Pampa Larga, Chepén

Damnificados Pampa Larga Chepen

“Nos botan de Santa Victoria.  Ni muertos ha habido siquiera para merecer las carpas y la ayuda que nos han dado, nos dicen”. 
De esta manera se queja Jenny, la coordinadora del albergue de damnificados por El Niño costero del sector Pampa Larga, de Chepén.  En la única vez que les ha visitado, el alcalde Nelson Kcomt les ha ofrecido reubicarles a una zona segura.  ¿A dónde? nadie sabe con certeza, y al parecer, ni el alcalde. Son más de las cuatro de la tarde, el viento sopla fuerte como todos los días, pero los niños siguen jugando en la arena caliente que rodea su albergue.

Las doce familias damnificadas, cansadas de la hostilidad de los vecinos de Santa Victoria (hasta el agua les habrían mezquinado), quieren marcharse pero, tampoco regresar a la zona de donde las rescataron.  Sería un acto suicida, entienden. Algunos propietarios de Santa Victoria les ofrecen lotes de terreno por encima de los ocho mil soles, suma que, para ellos, sobrevivientes de las intensas lluvias, riadas y lodo, de finales de marzo, es difícil de asumir.

Sus labores agrícolas en las chacras de la zona les mantienen ocupadas durante el día.  Es preferible, ya que, dentro de sus carpas, el calor es intenso; y, por las noches, la lona no les cubre mucho del viento y de las bajas temperaturas del crudo invierno. Son agradecidas por las raciones de alimentos que el gobierno local les entrega de vez en cuando como parte de la asistencia alimentaria, pero nada es suficiente.

Por estas semanas, las noticias sobre la millonaria reconstrucción anunciada por los tres niveles de gobierno, les pone a la expectativa de escuchar si acaso han sido incluidas. 

“Con unas casitas prefabricadas de madera estaríamos bien, por el momento”, se conforman. Sus esperanzas se ven alimentadas por las visitas de funcionarios públicos que registran, en fotos y actas, su precaria situación; pero, los días pasan y temen que, a este ritmo, el albergue temporal se convierta en uno eterno, tan igual como su espera, y otro Niño Costero les encuentre no solo en la intemperie bajo la lona sino en la soledad, con sus hijos, al costado de un asentamiento humano que, de humano, parece tener solo la denominación. 

Voz de

Walter Tongombol Zapata, abogado.