Esperando al papa Francisco

Se ha anunciado la visita a nuestro país del máximo representante de la Iglesia Católica en el mundo, el papa Francisco. Los trujillanos van a ser premiados y bendecidos de tenerlo por unos momentos, ya que parte de su itinerario religioso, incluye a esa ciudad norteña.

¿Pero realmente sabemos para qué y el por qué nos visita nuestro carismático, bonachón y humilde papa Francisco?

Escuchamos a menudo, en entrevistas a nuestros políticos personalidades y críticos, hablar todos de lo mismo: turismo. Habrá multitud de gente con esta esperada visita, y hay que aprovecharla, nos espera un gran negocio para todos, y toda nuestra población, entusiasmada, contagiada y haciendo eco del mensaje que nos dan nuestros representantes, no hacemos más que pensar ansiosamente en ese iluminado día que llegará y que nos dará la bendita oportunidad de vender, vender y ganar.

¿Nos preocupan realmente las intenciones de su visita o hemos pensado siquiera si tendremos tiempo o suerte de ver en persona al papa Francisco? Creo que no. Una vez más, nuestras acciones y comportamiento en la vida diaria nos muestra nuestra verdadera vocación, identidad religiosa y amor a nuestro Hacedor y Supremo Dios.

Lo vivimos, y vemos con gran tristeza y pena, en nuestra Semana Santa, en Navidad y en cuantas fiestas religiosas, que supuestamente son fechas de recojo y meditación, pero que con el tiempo han ido perdiendo su esencia cristiana y se han convertido en fiestas paganas donde el alcohol y el libertinaje nos hace recordar que hemos regresado a los tiempos de Sodoma y Gomorra, donde la pérdida de principios, valores y religión terminaba con violencia y destrucción. Personalmente ya nada me llama la atención.

¿Qué escuchamos y leemos respecto a lo que se está programando para la visita del papa Francisco?

Nuestras autoridades anuncian la remodelación de la Plaza principal, la refacción, pintado y embellecimiento del centro histórico de Trujillo; inversiones millonarias que serán vista del recorrido del Papa. Pensando egoístamente, se le va a ofrecer una ciudad disfrazada con la única finalidad, que se lleve una buena impresión de la belleza y cultura de la capital regional.

¿Pero acaso creen que podrán engañar a Francisco? ¿Nuestras autoridades creen realmente que Francisco no se dará cuenta que sus intenciones es enseñarle una ciudad maquillada? Realmente pienso, que no conocen, ni han escuchado o ni han tomado la mínima atención de quién es Francisco.

El papa Francisco es un hombre humilde, sencillo y sincero, que siempre va acompañado de su única amiga: la verdad, y su fiel guardia de seguridad, en quien confía como su único protector, es nuestro supremo y todopoderoso Dios.

Francisco es un amigo que antes que una limosina, prefiere el micro, la combi, el tren o el moto taxi; su gusto por la gastronomía se inclina por lo típico, costumbrista y agradable de lo que le ofrecen, sin interesarle la calidad del plato, del cubierto, el bordado mantel largo, el sillón labrado, o la cama palaciega para hacer la siesta. Francisco se contenta agradecidamente con la limpieza, la buena atención y el buen sabor de las comidas de cada país donde llega. A Francisco le gusta caminar, recorrer y saber cómo vive la gente de cada ciudad y lugar que conoce, le gusta visitar sus interiores, donde la gente sufre, enterarse de sus penalidades y necesidades, sin interesarle si su limpia túnica blanca es trastocada por el polvo de la pobreza, o si una madre o niño sin zapatos, lo abraza, le suplica y le pide como regalo su bendición, para aplacar esa eterna esperanza de contar con alimento, ropa y un techo donde cobijarse.

El papa Francisco viene a conocer nuestro país, pero su realidad, cómo es, cómo vivimos; su visita no es de turismo, viene a saber cómo se comportan lo que nos gobiernan y representan, viene a conocer a los del saco, la corbata o la chalina, y viene a saber si lo que pregonan y hablan obedece a su interior, y no sean solo palabras con mentiras, hipocresía y falta a la verdad.

Esperamos tu llegada amigo Francisco, porque tu presencia significará un honor y privilegio, para los que aún sentimos llevar a Dios dentro de nosotros. Será un reconfortante momento de esperanza, de aliento y de paz, poder contar contigo, porque sentiremos tu bendición, a través de tu humildad, tu bondad y tu amor con el prójimo, que es el que más necesita y el que sin lujos, sin ceremonias y engaños, te agradece tu visita. Ojalá tengamos la suerte de verte.

Voz de

Humberto Arancibia Cueva