24 Horas de Reflexión: Día de la Madre

Todos los segundos domingos de Mayo, se celebra con todo el merecimiento del mundo, el día de la Madre; día dedicado a rendirle homenaje a esa mujer que desde nuestro nacimiento, hasta el día que se alejó de esta vida terrena, nunca dejó de llevar en su interior, el bendito don que nuestro Supremo le dio: el de ser madre.

Mujer llena de amor y bondad, sin miramientos para velar por lo mejor que ellas puedan considerar en bien de sus hijos; tal vez con errores y formas que no eran de nuestro agrado, pero jamás sin ninguna mala intención; donde sus acciones como madre no nos permite a nosotros los hijos, ser jueces, ni menos interpretar sus actos de formación con juzgamientos.

¿Cuantos días al año esperamos para celebrar este gran día, como es el día de la Madre? ¿Un día antes, una semana antes, quince días, o tal vez un mes? Un mes donde se anuncia en medio de un gran mercantilismo la celebración de esta gran fecha. Los niños en el colegio ya preparan, por encargo de sus maestros, poemas, canciones y coreografías para la presentación por el día de la Madre, como parte del calendario y del programa festivo escolar; las instituciones públicas, privadas y grupos familiares, de igual forma, están pendientes de la organización de alguna actividad para celebrar este gran día; un día donde los locales de comida y centros recreativos se encuentran saturados, donde solo se escuchan previo a la música y el festejo, grandes discursos, sin miramientos de gasto y presupuesto, por ese gran y merecido motivo: el día de la Madre.

¿Pero, que dice a todo esto nuestra Madre? Durante todos estos años, desde el día en que empezamos a pensar en nuestros programas de vida y logro de metas, cuántos hijos consideraron en su agenda de vida, el estar, visitar y cuidar a este ser tan querido y tan amado como el que solemos decir y amar en esta fecha, y a la que hoy con tanta pompa damos tributo.

¿Acaso se nos ocurrió aunque sea por un solo día como hoy, preguntarle a este preciado ser humano, que nos dio la vida, que es lo que más desea de nosotros su hijos? Hoy, personas que hemos crecido, pensantes e inteligentes, creemos tener el derecho de escoger para ella lo que para nosotros resulta lo más cómodo y conveniente, sin tratar de adivinar, el por qué tiene en su tierno semblante esa mirada profunda y triste, que parece querer decirnos algo.

¿Qué pasó con esos niños llenos de amor y pureza? Sé que hoy crecieron, y ya son grandes, tienen sueños y aspiraciones, ideales y ambiciones, nuestras madres lo entienden y se sienten felices, pero hoy, en su día, más que ese hermoso ramo acostumbrado de rosas, desean que a cambio les regalen ese amor y pureza del niño de ayer y no por un solo día, sino que les permitan conservar siempre ese regalo por el resto de sus días; y hoy, ese niño que creció, la siga amando, respetando y la comprenda por sus años, que noblemente, mantienen intensamente el mismo sentimiento de ayer.

Cuantos hijos equivocados, siguen pensando que la Madre es una necesidad material, enmascarando muchas veces sus oscuras intenciones con un abrazo o una falsa atención, sin imaginar que su sublimidad y nobleza, no la hace ignorante de nuestras acciones; pero más puede su amor que cae una vez más ante las tentaciones de los hijos, teniendo tal vez la esperanza que esta vez será diferente y le irá mejor.

Cuantos de nosotros, esperamos que este ser abnegado llegue a la enfermedad habitual de la vejez, como es la demencia senil, para recién reaccionar y mostrar ante la sociedad y los amigos el gran amor de hijos, rindiéndoles homenaje en fechas de calendario donde nuestra madre ya ni tiene idea de lo que está aconteciendo.

Cuantos hijos presentan a la madre como un gran trofeo, con el único y oscuro propósito de esperar una herencia o recompensa material, que equivocada y egoístamente creen merecerla; los he visto actuar y llorar con mucho dolor, declamando y repitiendo en cada día de la madre sentidas palabras como : Madre solo una, celebrando en esta noble fecha y presentándose en el teatro de la vida como hijos ejemplares; y una vez cerrado el telón, también los he visto despojarlas de lo poco o mucho que ellas consiguieron con sacrificio, por un único y solo motivo, de tener una madre que los amó sin condiciones y que ellos a cambio hipotecaron su cariño y ese inmenso amor que nunca les faltó.

No soy pesimista, pero nuestro mundo es así, los hijos seguirán siendo hijos para nuestra Madres, y tal vez, optimistamente, con las oraciones de los que creemos y pensamos que estas Mujeres no solo merecen un poema o un cántico, Dios les dé a los hijos de hoy, 24 horas de reflexión, y a los hijos del mañana, les recuerde el compromiso de que nuestras madres no solo merecen un brindis, un ramo de rosas o un hermoso discurso, sino que merecen nuestro cuidado, amor y respeto ,los 365 días del año.

A Ustedes, Madres, mujeres sacrificadas, abnegadas que nos dan día a día ese ilimitado e incomprendido amor, a su manera, hoy, nuestro Gran Supremo, nuestro Gran Dios, desde lo más profundo de mi interior, me ha permitido hablar por Ustedes, que son la esencia del amor.

A nombre de todos los hijos del Universo, infinitas gracias por todo.

Voz de

Humberto Arancibia Cueva